Opinión

El aroma como huella de identidad

José Mármol

La moda es una forma de expresión estética, en la artesanía o en la industria, de la siempre insatisfecha pregunta que se hacen los individuos y las culturas acerca de la magia de la corporeidad, en tanto que superficie de inscripción de las relaciones entre los acontecimientos de poder y de saber, pensar y sentir, provocar y desear, gozar y sufrir, vivir y de morir.

La moda hace del cuerpo un mito, convirtiéndose ella misma en mito de su época. El cuerpo es la fuente primigenia de la identidad.

Cuando se piensa el cuerpo se piensa el mundo.
De ahí que el filósofo francés David Le Breton sustente: “La condición humana es corporal. Materia de identidad en el plano individual y colectivo, el cuerpo es espacio que ofrece vista y lectura, permitiendo la apreciación de los otros. Por él somos nombrados, reconocidos, identificados a una condición social, a un sexo, a una edad, a una historia” (p.17).

Mientras que acerca de la piel, el autor de Cuerpo sensible (2010) señala que ella “circunscribe el cuerpo, los límites de sí, estableciendo la frontera entre el adentro y el afuera, de manera viva, porosa, puesto que es también apertura al mundo, memoria viva” (Ibídem).

En los volúmenes y líneas de la corporeidad, por un lado, como en las sutilezas y hallazgos de su alquimia de olores para el sistema tegumentario o la piel, por el otro, se encuentran los dos hemisferios que inspirarán los inigualables diseños y las muy personales fragancias de ese mago del buen gusto que fue nuestro Oscar de la Renta.

En Oscar de la Renta los aromas, las esencias, el olor de los elementos naturales representan materia constitutiva de la identidad de los individuos y de los pueblos. Su particular sentido de la pirámide olfativa lo llevó a crear esencias a partir de hierbas y flores propias o muy relacionadas con el paisaje natural que simboliza lo isleño de la dominicanidad.

El vínculo indisoluble de nuestro diseñador con sus raíces dominicanas y con nuestra cultura, conjugado con su afición por la elegancia y por la exaltación de las virtudes del cuerpo, lo conducen a la creación de un portafolio de esencias, que colocó en el mercado decenas de tipos de perfumes, en los que se destacan las fragancias del ylang ylang (Cananga odorata), base esencial de su primer perfume, inspirado por el olor del árbol que apreciaba en el patio de su hogar dominicano; el jazmín (Jasminium officinale oil), que en persa originario significa Regalo de Dios; los cítricos como la bergamota (Citrus aurantium ssp. bergamia) o pera del Bey, proveniente de la expresión turca bey armudu; el romero (Rosmarinus officinalis), con su eterno aire mediterráneo; el sándalo (Santalum album), de origen indio y de otras partes de Asia; el azahar (Citrus sinensis o Citrus aurantium) o bien, flor blanca del naranjo, del limonero o del cidro; la gardenia (Gardenia jasminoides), comúnmente llamada tulipán y las rosas (Rosa spp.), de origen griego antiguo, pero de intenso uso en el Renacimiento, que, además, embellecen el jardín, grande o pequeño, majestuoso o sencillo de cualquier hogar dominicano.

Hay que resaltar en nuestro diseñador y perfumista a un hombre, un artista que habiendo incorporado a su imaginario, su sensibilidad y su saber las experiencias y el avance técnico de la cultura y la industria de la moda en Estados Unidos y Europa, sin embargo exaltó siempre su vínculo indisoluble con las raíces culturales y las improntas estéticas del Caribe insular, y muy particularmente, con las riquezas naturales y los valores culturales y espirituales de la dominicanidad.

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