Editorial

El “ciclón bolivariano”

En un mensaje por redes sociales, Diosdado Cabello, el número dos del régimen venezolano, ha anunciado: “Ahora viene el huracán bolivariano”.

Es la consecuencia, según se deduce, de lo que pocos días atrás definió como “brisitas bolivarianas”, como inquietante y sospechosa metáfora para atribuirle las últimas movilizaciones sociales en distintos países de América Latina.

Esas movilizaciones sociales, que hasta el momento han desestabilizado a Haití, Ecuador y Chile, se desencadenaron a raíz de que los gobiernos eliminaran subsidios a los combustibles y dispusieran alzas en las tarifas del Metro de la capital chilena.

Si los líderes chavistas venezolanos asumen que estas movilizaciones sociales, que ya han tenido un saldo de víctimas humanas e incuantificables daños y destrozos, fueron aleccionadas por las “brisitas bolivarianas”, a las que seguiría el “huracán bolivariano”, entonces hay razones para pensar que se trata de un plan bien orquestado para desestabilizar algunas naciones.

Sería una especie de réplica a la vieja estrategia de “exportar la revolución”, en forma de guerra de guerrillas o insurrecciones populares, que siguieron al triunfo de las fuerzas rebeldes de Fidel Castro en Cuba y que tuvo como portaestandarte al comandante Che Guevara, muerto en Bolivia en su fallido intento por abrir el foquismo en Suramérica.

Solo que esta vez no responderían a una mística revolucionaria ni a una ideología redentora de los derechos humanos, sino a una clara conspiración para derribar gobiernos, sembrar caos social e implantar un estado de ingobernabilidad en esos países, que se irradiaría al resto de los vecinos.

Es una aventura suicida. Una saga siniestra que, con sus ráfagas de violencia, pretende descabezar gobiernos legítimamente electos y dar un zarpazo de muerte a la democracia.

Que tenga el patrocinio del régimen chavista no sorprende a nadie. Viéndose cerca del colapso, nada le impediría que actuase como los haitianos que sojuzgaron nuestro país por veinte años; incendiando y matando dominicanos en su despavorida estampida, bajo la consigna de tierra arrasada.

Que hasta aquí no lleguen esas brisas huracanadas a estropear nuestros empeños de vivir en paz, en democracia y libertad, nunca en dictadura.

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