Editorial

El doble reto del coronavirus

Las líneas generales para mantener en control el microrganismo que pone al mundo de cabeza están bien trazadas en República Dominicana. Autoridades y ciudadanos siguen los patrones de actuación que la crisis exige, unas enfatizando en prevenciones y medidas extraordinarias que paralizan a la población; y otros comidiéndose con una sensibilidad que reconoce lo mucho que tienen que poner de su parte para salir airosos. El país vive desde ya severas consecuencias sociales y económicas por la caída de la actividad turística mientras la obligación de permanecer en hogares tiene en inacción los brazos de la producción, incluyendo por igual la fuerza laboral regular y la informal.

La dócil efectividad de la población a cargo del más importante componente de la cruzada contra el Cavid-19 que es el aislamiento social, se ha constituido en reto adicional para quienes tienen en sus manos la ley y los recursos para velar por la salud, el orden y el bienestar colectivos. La forma en que se han propuesto mitigar los agudos efectos secundarios de sus ofensivas sanitarias deben ir llenando gradualmente las expectativas para crear de inmediato las condiciones imprescindibles para retornar a la normalidad. Las posibilidades de que la economía dominicana haga valer despues y prontamente lo básico de su fortaleza son reales. Sobrepasar la situación actual con mínimos daños a los conglomerados facilitaría la recuperación.

Sin obviar la política

El avatar que impone obligaciones ineludibles para preservar al país de daños a la salud y de otros órdenes no impide reconocer que el electorado tomó con buen resultado la palabra en la concluida consulta extraordinaria. Que por todos lados de la geografía nacional la gente eligió nuevas autoridades municipales tras el vil tropiezo de febrero y que a primera vista ha sido superado en el ámbito de administraciones locales el predominio partidario que sometía la democracia a pocas voluntades.

A pesar de la abstención alta y del abierto y poderoso auspicio oficialista a los contendientes alineados con el poder, sus contradictores ganaron terreno espectacularmente y la participación de votantes fue suficiente para legitimar a los mandos municipales alternativos. El civismo apoyó el sistema electoral. El país respira aliviado.

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