Opinión

El entretenimiento televisivo en República Dominicana pasó a la vulgaridad


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Por José Armando Toribio

Santiago de los Caballeros-Vivimos una etapa preocupante en la que el entretenimiento ha dejado de ser un espacio de formación cultural para convertirse en un espectáculo de ruido y provocación constante donde lo banal desplaza lo esencial y lo vulgar se impone como norma en una sociedad cada vez más expuesta a contenidos sin filtros ni responsabilidad social.

La televisión dominicana que en otros tiempos sirvió como plataforma educativa y de cohesión social hoy parece rendida ante la lógica del rating fácil donde el escándalo vende más que la calidad y donde la dignidad del discurso ha sido sustituida por el irrespeto y la trivialización de los valores humanos.

Este fenómeno no se limita a la pantalla chica sino que se extiende a la radio y a las plataformas digitales creando un ecosistema mediático donde predomina la competencia por llamar la atención sin importar el costo ético ni el impacto social que pueda generar en audiencias cada vez más vulnerables.

La degradación del lenguaje y de los contenidos ha encontrado terreno fértil en la ausencia de regulaciones firmes y en la debilidad de los organismos llamados a supervisar lo que se transmite lo que ha permitido que propuestas carentes de calidad se normalicen y se presenten como modelos de éxito.

El problema se agrava cuando estas manifestaciones son asumidas por jóvenes y niños como referentes aspiracionales generando una distorsión peligrosa de la realidad donde el esfuerzo el respeto y la educación pierden valor frente a la exposición vacía y la notoriedad sin mérito.

La afirmación de que la televisión ha muerto no es del todo literal pero sí simbólica porque lo que ha desaparecido es su esencia como medio de comunicación responsable y formador quedando en su lugar una maquinaria de entretenimiento desprovista de criterio que responde únicamente a intereses comerciales.

Frente a este panorama resulta urgente replantear el rol de los medios en la sociedad dominicana promoviendo contenidos que aporten valor y fomentando una cultura mediática basada en el respeto la ética y la responsabilidad colectiva porque lo que está en juego no es solo la calidad del entretenimiento sino la formación misma de la sociedad.

 

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