Editorial

El golpe de Estado

Todavía hoy se debaten teorías diversas sobre los reales perpetradores del golpe de Estado contra el régimen democrático de Juan Bosch en 1963 y sobre las motivaciones ocultas que le dieron cabida.

A pesar de eso, hay consenso de que el mismo representó un lamentable retroceso para el desarrollo institucional, social y político de un país que ha derramado abundante sangre y lágrimas por defender su democracia.

Ese infame golpe de Estado trajo la desgarrante confrotación fraticida de abril de 1965, la segunda intervención militar norteamericana del siglo XX, el asesinato de cientos de jóvenes valiosos en los tiempos de la postguerra, la devaluación de la democracia y vicios institucionales que aún hoy luchamos por erradicar.

Este aniversario llega en un momento histórico en el que, afortunadamente, hemos aprobado las materias básica de la democracia clásica y pasamos a un estadio en el que la meta es “calidad de democracia”.

Tenemos elecciones libres, traspaso pacífico de mando, predominio de lo civil sobre lo militar, libertades públicas, funcionalidad de los poderes del Estado, entre otras cosas que eran reivindicaciones reclamadas en el fragor de la guerra fría.

Hoy luchamos por educación de calidad, alcance universal de la salud, protección social, seguridad ciudadana, empleos dignos, desarrollo sostenible, equidad de género, inclusión social, preservación del medio ambiente y muchos de los que se denominan “derechos de tercera generación”.

No sabemos qué tan lejos estuviéramos si no fuera por ese golpe de Estado del cual hoy se conmemoran 53 años, pero al menos estamos conscientes de que la democracia es el mejor de los sistemas y que el respeto a sus reglas garantiza desarollo integral.

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