Editoriales

El gran debate

 

La opinión pública nacional ha reaccionado de forma muy posi­tiva al debate que protagonizaran los candidatos a la presidencia por las tres fuerzas mayoritarias que compiten para el próximo certamen electoral.

Sin la necesidad de entrar en el mundo emotivo y pasional de quién ganó el debate, por igual los tres aspirantes a la presidencia estuvieron a la altura de las expectativas. Leonel exhibió sus virtudes más destacadas como buen expositor y dominador de la “conceptualización” académica, mientras que Abinader manejó con maestría la ­exposición de los logros alcanzados por su gestión de Gobierno, en tanto que Abel Martínez reiteró lo que son sus críticas al Gobierno, recurriendo a expresiones emotivas y dramáticas, al tiempo de poner énfasis en que es un hombre de acción, decidido a enfrentar los problemas nacionales.

El debate se mantuvo en un plano de decencia y sin la necesidad de recurrir al plano emotivo e irracional de las ofensas y, por el contrario, al final con los abrazos los contendores mostraron el alto nivel de tolerancia y fraternidad, actitudes propias de la conducta democrática y civilizada.

Hay que destacar la profesionalidad exhibida por los moderadores del debate, así como su destreza para administrar el uso de los tiempos de cada intervención de los debatientes. Asimismo, hay que resaltar la efectiva articulación ­interinstitucional encabezada por la Asociación de los Jóvenes Empresarios (ANJE), que es una expresión del ­espíritu civilista y democrático que ­anima la iniciativa empresarial de los jóvenes empresarios.

En fin, la opinión pública ha ponde­rado, con notas sobresalientes, que el debate de los presidenciales fue un hecho trascendental e histórico que constituye un paso de avance hacia la consolidación de la institucionalidad democrática en República Dominicana, que es el resultado más importante.

El hecho podría servir, además, para fomentar un clima de unidad nacional entre las fuerzas políticas mayoritarias, y por esa vía llegar a los acuerdos y consensos necesarios para las reformas pendientes, para conducir a la materia­lización de un plan nacional de largo plazo que permita construir el país democrático que todos queremos.

Con el debate presidencial, pues, ganó la democracia dominicana.

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