Opinión

El hombre que anhelaba ser feliz

Por: Rafael A. Escotto

El más terrible de todos los sentimientos es el sentimiento de tener la esperanza muerta» (Federico García Lorca) 

Cuando uno observa el rostro de Emiliano, vemos a un ser humano en total desorientación y perturbado. Se mueve como el que anda indeciso sobre la tierra. Sus pasos son el de una persona inestable, despistado de una realidad que nunca ha existido en su cerebro golpeado repetidas veces por un badajo de voces estridentes cuya resonancia desarticula, desencaja su rumbo lógico haciendo que su andar sea desordenado. Todas estas alteraciones dificultan el ritmo racional de su vida.

Este campo psíquico en desorden se ha ido ampliando con el tiempo; Emiliano escuchaba voces que le llegaban desorganizadas a su mente. Son alucinaciones auditivas comunes en muchos trastornos psiquiátricos. La gente se crea expectativas que las asocias con experiencias que ha tenido con anterioridad. Sin embargo, cuando quiere interpretar estos fantasmas lo que recibe es un universo sombrío envuelto en una red imprecisa que lo hace sentirse aprisionado dentro de un mundo sin puertas que lo llena de angustia.

En esa especie de telaraña insólita este hombre revela en su semblante un ser humano pesimista, desanimado, aquejado por una infelicidad que lesiona su alma desde que amanece hasta el crepúsculo.  ¿Cuál es ese ingrediente que influye tan poderosamente en el perfil de una persona que parece que ha perdido su alegría y sus fantasías?

Con frecuencia este ser humano se olvida de sus angustias existenciales y dentro de esta sensación hace un viaje a las Antípodas para un intento de encuentro con la felicidad perdida y averiguar sobre  la causa de este fenómeno. Durante su itinerario tiene que hacer ajustes a su reloj por la diferencia en la distancia. Frente a  estos cambios en el tiempo, se dice así mismo: «¿Qué más da?, si de toda manera para poder sostenerme –dice Emiliano – he tenido que ir haciendo ajustes sin haber viajado aun a un mundo tan distante en la superficie de la tierra».

Emiliano llega a aquel mundo desconocido. Inmediatamente se interna en un ambiente de muchas interrogantes. Tiene que eludir una cantidad de peligros que aparecen a lo largo del camino. Sin embargo, en su recorrido y vicisitudes tiene que hacer giros hasta que finaliza en medio de un poblado de gente desconocida por él y de la cual solo tenía  una leve referencia. A pesar de este enigma,  fue recibido con un entusiasmo que le sorprendió.

El anciano de la tribu le invita a Emiliano a sentarse alrededor de una fogata acompañado del chamán del clan y de toda la etnia. Después de agotar un breve ritual de recibimiento, el jefe de la tribu pregunta  ¿A qué se debe  su visita?

«Le diré, en la sociedad desde donde vengo –dice Emiliano – hay mucha confusión y en medio de ese estado de desasosiego espiritual y existencial muchos hombres y mujeres hemos ido perdiendo nuestra felicidad. Nuestros líderes nos prometen bienestar y sucede que al doblar cualquier esquina del país nos encontramos con un futuro dudoso y he venido a visitar Antípodas para ver por qué ustedes son tan felices dentro de este bosque alejado de la civilizacion».

«Primeramente, aquí todos mandamos –responde el jefe de la tribu con autoridad -.

«Aquí todos somos responsables de nuestra felicidad; aquí no hay elecciones ni discursos de campaña, acá hay una tribu que comparte en justicia sus riquezas y su pobreza en igualdad de condiciones, pero en el mundo desde el cual usted procede hay una lucha por el poder, por mandar a los demás en perjuicio de la mayoría y en una sociedad así no puede haber justicia social ni una justicia distributiva equitativa. Con esos desequilibrios humanos y sociales no puede haber alegría. Solo son felices quienes controlan el poder», explica el anciano.

«Pero yo he venido a ver cómo vive su sociedad, porque me dicen que ustedes son felices teniendo tan poco. ¿Dónde reside la magia de esta felicidad? Pregunta Emiliano.

«Se equivoca amigo – responde el anciano aborigen-. Nosotros tenemos mucho. Aquí la palabra poco no existe. En esta tribu se da perfectamente el milagro de la multiplicación de los panes y los peces. Otra cosa que no tenemos aquí es la codicia ni el “quítate tú para ponerme yo”. Por eso y por  la abundancia del engaño es que ustedes en su mundo han perdido la alegría de vivir» finaliza diciendo.

«Yo me siento vacío» –se queja Emiliano-. «Estoy agotado y no sé por qué. Siento que me estoy hundiendo en una ansiedad tan profunda que parece no tener fin. Yo le pregunto al chamán de esta etnia, quien  quizás ha manejado estos estados anímicos en su tribu: ¿Qué puedo hacer para resolver este agujero que tengo en mi alma?», pregunta preocupado el visitante.

«Es difícil aconsejar sobre este tema. Nosotros no tenemos ese sentimiento en esta tribu. Como curandero  – asegura el chamán -, yo puedo entender ese sentimiento de vacío que usted siente. Usted padece de aburrimiento, de un sentido de alienación social y material. El hombre y la mujer en su sociedad padecen de depresión y puedo ver a través del iris de sus ojos una sensación de desesperanza y de soledad muy agudo. En la sociedad donde usted vive – afirma- el verdadero amor no se manifiesta, porque todo allá es un teatro basado en una farsa».

«¿Cómo puedo llenar esa sensación terrible de apatía  y de indiferencia?, inquiere Emiliano, con cierto grado de preocupación.

«Es difícil recomendar una solución a esos padecimientos. ¿Por qué mi incompetencia, señor Emiliano»? Se pregunta asimismo el chamán.  Y continua elaborando sobre el tema, «sus líderes han vivido una vida de pantomima y de farandulearía política que se expresan primero en las tribunas públicas y luego el engaño no se hace esperar con mayor fuerza demagógica desde el poder», -acentúa.

¿Por qué esta clase de comportamiento?, pregunta Emiliano.

«Porque nunca hubo en sus lideres la intención de cumplir con sus promesas de campaña, -manifiesta como un gran científico político-.

Y seguidamente agrega: «Solo simulan que lo hacen porque para poder regresar o mantenerse en el poder tienen que mostrar algún trabajo y luego se lo estrujan en la cara al pueblo repetidas veces, como si hubiera que agradecerle por lo que el pueblo le paga», -comenta el curandero de la tribu.

«Quiero agregar a lo anterior algunos conceptos más. «Sus líderes buscan los aplausos de manera incesante, inclusive, tienen cortesanos que provocan esos aplausos y ustedes hacen las veces de imbéciles que actúan por impulso involuntario. Ustedes han perdido su libre albedrío», -afirma el chamán.

En cambio, nosotros  aquí  en esta selva en vez de aplaudir, bailamos todos juntos, cantamos cantos patriarcales  y tocamos música de alegría y de gozos», interviene el jefe de la tribu.

«¿Pero cómo sabe usted estas cosas si nunca ha vivido en mi mundo?», pregunta Emiliano.

«Sucede que como chamán- advierte -, para poder aconsejar correctamente a mi tribu, muchas veces debo viajar a su mundo llamado ‘civilizado’ para evitar que mi gente caiga en un universo de mentiras, de guerras, de intriga constante, de inseguridad social, de odio, de luchas de suplantación humana y de discriminación abierta».

¿Cómo podría yo vencer la infelicidad y la falta de seguridad que siento?» ,- demanda Emiliano

«Mire, la felicidad es emocional y tiene que ver cuando el individuo piensa que ha logrado la meta que se ha impuesto en su vida. En otras palabras, la felicidad –apunta el chamán -, es una medición de un bienestar autopercibido que influye en su actitud y que el individuo se siente motivado a conquistar nuevos objetivos. Pero en la medida que usted logra metas, inmediatamente surgen nuevos proyectos y vuelve a sentir  la misma infelicidad quer sentía anteriormente. Es decir la felicidad es interminable.

¿Entonces yo soy un hombre sin verdadera libertad y, por tanto, seguiré siendo un ser humano infeliz?, pregunta Emilio con preocupación en su rostro.

«Lo que pasa es que a los líderes políticos de su país no les interesa que el pueblo sea totalmente feliz ni completamente educado», advierte el jefe de la tribu con conocimiento.

«Los medios de comunicación –señala el chamán – están controlados por una superestructura o elite empresarial que responde a los intereses del poder político dominante del cual se nutre a través de recibir grandes privilegios, en forma de liberación de impuestos, etc.

Esas redes sociales –interviene uno de los consejeros mayores de la tribu -, manipulan el poder de decisión electoral y, también, la libertad de los ciudadanos de. En otra palabra, Emiliano, ustedes no tienen democracia  ni libertad, ambas cosas son una ficción y de ahí la infelicidad que usted lamenta»

«Como nosotros  no existimos para esos medios de comunicación porque somos indígenas ni utilizamos redes sociales, no somos manipulables,  a diferencia de ustedes. En nuestro etnia se practica la democracia y por eso somos felices y ustedes no lo son, ni lo podrán lograr la felicidad bajo ese sistema de manipulación y de control.», -señala el chamán.

¿Qué tiene de positivo la felicidad?, -inquiere Emiliano

«Le daré una respuesta simple, fácil de entender. La felicidad  real permite a los individuos sacar partido de las condiciones objetivas. Favorece la actitud de emprender diferentes tareas llevándola al término propuesto. Algo más directo que debo agregar a esta conversación: la depresión y otras angustias que usted padece, se caracterizan por una visible falta de felicidad».

¿Qué hace que uno sea feliz? –pregunta Emiliano a manera de consulta

«Emiliano, en la sociedad desde donde usted viene no se permite que usted exprese sentimientos negativos, mientras que en esta tribu es diferente, la sinceridad y la autoexpresión auténtica es valorada, por eso somos felices», -responde el jefe de la tribu con la experiencia de un anciano.

¿Finalmente, cómo podré yo llegar a lograr ser feliz algún día, como lo son ustedes en Antípodas?, interpela Emiliano.

«Todo ser humano desea ser feliz. Ser feliz es ser autosuficiente. Es evitar el sufrimiento mental que usted dice que padece. Es también alcanzar metas. Ahora bien, mientras la sociedad donde usted vive siga dominada por falsos líderes, por un sistema político y económico donde prevalece el egoísmo, la corrupción insolente y el engaño, ustedes no podrán ser felices. Ser feliz, Emiliano, es alcanzar el bien supremo», – advierte finalmente el chamán.

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