Opinión

El muro haitiano

Por: Luis Córdova

En la vieja escuela dominicana había algunas asignaturas que, aunque no se contaban como las básicas, finalmente fueron determinante para generaciones. Por ejemplo, la lógica y la literatura, aunque no eran imprescindibles “liberar”, ayudaron a pensar fuera del contexto, la primera y ser más libres, la segunda.

Los “muy modernos”, cosa que me sorprende, suelen ser intolerantes y radicales frente a cualquier señalamiento. Les hace falta lógica.

El muro haitiano

 

 

Ver los criterios sobre la verja (muro, murito, alambrada, circuito inteligente… como usted quiera llamarle), depende de qué lado uno se coloque: y no me refiero al territorio, sino al interés.

Puede que sea beneficiosa para ambos gobiernos. ¿Podrá aminorar el flujo migratorio irregular hacia este lado? ¿Sí? ¿Por cuánto tiempo? ¿Cuánto nos costará el mantenimiento de la verja?

Además del patriotismo protocolar, los comerciantes tendrán que honrar la patria tributando al gobierno haitiano. Los haitianos verán incrementar sus recaudaciones impositivas por las exportaciones dominicanas no contabilizadas en el intercambio comercial fronterizo.

Además, con el muro, los haitianos tienen un tema de campaña electoral, que compacta la dispersa masa de votantes en un objetivo común: el discurso antidominicano. Con el muro los dirigentes del caos haitiano tienen una nueva excusa para postergar soluciones y sustentar sus denuncias internacionales.

Hablando de la vieja escuela, la literatura que fue tan menospreciada como la lógica, hoy nos ayuda a no morir de asombro. Quien lo dude que relea a Ernesto Cardenal: “Pero de nosotros dos / Tú pierdes más que yo”.

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