Editorial

El optimismo del ministro de Salud

El ministro de salud, Rafael Sánchez Cárdenas, ha sostenido una reunión con el presidente Danilo Medina. Al salir ha dado la versión de que el “Coronavirus no está circulando en el país, lo que tenemos es un caso importado”, de un italiano que lo trajo.

El optimismo del ministro es muy alto, y al parecer la versión que le ha ofrecido al presidente Medina es que “el diagnóstico que se ha establecido, es un caso de contaminación externa, que llega importado a la República Dominicana”. Y que las personas que acompañaron al italiano en su vuelo hacia nuestro país “ya fueron identificadas”.

Declaró Sánchez Cárdenas:  “tenemos el listado de personas en el vuelo, puntos de contacto, incluyendo la persona que le atendió en migración”. Además, ese paciente número 1 “ha dado referencias sobre el contacto que tuvo en los días previos a su captación y está evolucionando de manera favorable, mientras recibe el tratamiento sintomático”.

Muy optimista el señor ministro. Ojalá que el gobernante no asuma tan alto nivel de autoconfianza y optimismo que exhibe el ministro de Salud, y no vaya el jefe de Estado a asumir como buena y válida la tesis de que  el coronavirus «no circula» en la República Dominicana.

El vector, como dicen los epidemiólogos, es Wuhan, China. Se inicia con una persona, desde donde brota y comienza una expansión que se convertirá en pandemia, como ya ha dicho la Organización Mundial de la Salud. China tiene 80 mil casos, Corea del Sur tiene 4,335 casos, Italia 1,694 casos, Irán 978 casos, Japón 256 casos, Francia 130, Alemania 130, Singapure 106, Hong Kong 98, Estados Unidos 86, España 84 y una larga lista que aumenta a cada momento. Tanto es así que al concluir la redacción de estos párrafos con toda seguridad las cifras habrán aumentado.

Todos los casos comenzaron por un punto, un paciente 1, no importa el lugar de procedencia. Los italianos han sido los mayores propagadores en occidente, pues parecen ser los portadores que llevaron el virus a España, a Francia, a República Dominicana, entre otros.

De las 3,048 muertes 2,803 han ocurrido en China, 54 en Irán, 34 en Italia, 26 en Corea del Sur, y todavía no está claro el procedimiento para curar a las personas que contraen el virus.

Confiarse no es buena idea, ni pensar que por le hecho de que un extranjero lo portó hasta el territorio nacional el virus no está circulando entre nuestra gente. No se trata de contradecir al ministro de Salud. Tampoco de incentivar el miedo. Debemos ser prudentes y aplicar todas las medidas de protección necesarias, pero también conscientes que el virus puede tardar 14 días en manifestarse y hacer visibles los síntomas.

En turista portador del virus no sólo pudo haber contaminado el vuelo en que vino, y afectado a una parte o a todos los pasajeros, sino que los días transcurridos en el hotel en que pernoctó, tuvo contactos con muchas personas, algunas de las cuales tal vez ni las recuerda. Y, por esa vía, se encuentra ya en la sociedad dominicana. No sólo en el Este, sino en los lugares más apartados.

El VIH impactó al mundo entero y se transmite por contacto sexual sin protección. En el caso del coronavirus estamos tratando con un virus de mayor posibilidad de penetración, aunque no es tan letal como el VIH. La higiene que se requiere, de agua y jabón, no siempre está al alcance de una gran parte de la población ni en todos los lugares. Además, en porcentajes importantes de nuestro pueblo no se tiene la costumbre de continuamente lavarse las manos, utilizar jabón ni hacerlo como lo recomiendan los organismos internacionales.

Hay que admitir con pesar que el virus ya está en la República Dominicana, y que ese paciente número uno, el turista italiano, es nuestro vector. Lo importante ahora es colocar todos los obstáculos posibles a la expansión. Eso se consigue educando a la población, que los especialistas sean los invitados a los programas de radio y de TV, y no los candidatos a las elecciones municipales, y que los consejos del ministerio de Salud tengan más fuerza que la de los candidatos presidenciales. No solamente salvaremos vidas, probablemente salvemos el turismo dominicano, y con esta industria un renglón vital de nuestra economía.

Es muy cierto que no es recomendable ni positivo alarmar demasiado a la ciudadanía. Pero confiarse es un grave error.  «Ni tanto que queme al santo, ni tan poco que no alumbre»

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