Editorial

El otro frente

Aunque lo urgente y esencial es contenerlo, reducir su incidencia y erradicarlo definitivamente, la guerra contra el coronavirus requiere proteger el otro frente de batalla, el escenario económico que en todas partes ha sido severamente diezmado por efecto de la pandemia, tanto así que ya se vaticina una crisis global solo comparable con la Gran Depresión.
Las armas esenciales para vencer al covid-19 son reclusión domiciliaria, aislamiento social, y suministro a la población de pruebas masivas para determinar los niveles de contagios pertrechos que, usados extensa e intensamente, producen daños colaterales a las economías.
La cuarentena es vital para poder controlar el coronavirus, pero la reclusión paraliza las actividades productivas, lo que a su vez reduce drásticamente los ingresos fiscales y, obviamente, las disponibilidades de recursos económicos para financiar el combate contra una pandemia que asola a la humanidad.
Si se levanta la reclusión durante la fase de propagación del covid-19, el virus mantendría su crecimiento a ritmos exponenciales, pero países en desarrollo no resistirían un cierre de la economía por tiempo indefinido, que sería parecido al dilema aquel de “contigo porque me matas sin ti porque me muero”.
Las economías desarrolladas, como Estados Unidos, Reino Unido, Alemania y las del norte de Europa, creen que pueden vencer por si solas al coronavirus, sin entender que una vez abran sus fronteras, la pandemia volverá a tocar las puertas de sus territorios.
Tan cruenta se torna la crisis que la Organización Mundial del Trabajo (OIT) afirma que el 81% de la fuerza laboral mundial sufre ya por las medidas de reclusión para contener la pandemia, al estimar que por esa causa se perderá el 6,7% de las horas de trabajo, equivalente a 230 millones de puestos de trabajo, de 40 horas semanales.
Más de 3,900 millones de personas, casi la mitad de la población mundial, están hoy en confinamiento obligatorio para mitigar el contagio del covid-19, lo que ha causado un incremento del desempleo en Estados Unidos (diez millones de despidos en dos semanas), en tanto que el ministro de economía de Francia, después de anunciar que la economía francesa retrocedió un 6% durante el primer trimestre del año, comparó la crisis actual con la de la Gran Depresión de 1929.
República Dominicana requiere de urgente asistencia económica de organismos multilaterales como el Fondo Monetario Internacional (FMI) para hacer frente al coronavirus y a los devastadores efectos que tendría esta pandemia sobre su ensamblaje productivo, financiero y fiscal. El Gobierno debería iniciar diligencias.

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