Opinión

El PLD en medio de una tormenta perfecta

POR ALFONSO GAMALIER MONTAS

En el año 1997 el escritor y periodista estadounidense Sebastian Junger escribió su famoso libro La Tormenta Perfecta, que posteriormente fue llevado a la gran pantalla. La película narra el caso real del pesquero Andrea Gail, que se hundió en 1991 en las costas de Nueva Escocia, en el que perdieron la vida sus seis navegantes tras enfrentarse a una gigantesca tormenta.

El barco decidió salir a pescar a pesar de las previsiones meteorológicas adversas y quedó atrapado en medio de la que fue definida como la Tormenta del Siglo que se formó producto de la fusión de dos monstruosas tormentas, una de origen frío en tierra y otra de origen caliente en el mar. A pesar de lo experimentado del capitán de la embarcación y de su tripulación, esta terminó hundida en el mar.

A partir de este suceso, del libro y de la película, siempre que dos o más fenómenos se unifican o fusionan para crear una situación difícil capaz de arruinar o de crear situaciones de máxima tensión, ya sea en el mundo de la política, los negocios o las relaciones personales se dice que estamos frente a una tormenta perfecta.

Reputados economistas latinoamericanos han descrito la situación que vive Latinoamérica y otras regiones del mundo en estos momentos como una tormenta perfecta derivada de la conjunción de una crisis de salud pública producida por el COVID-19, una crisis fiscal y de endeudamiento público debido al déficit fiscal que en nuestro País alcanzará este año un nivel sin precedentes al situarse por encima de 9 % del Producto Interno Bruto (PIB), una crisis social y de empobrecimiento que se manifiesta en un aumento de desempleo y de los niveles de pobreza, y finalmente una crisis educativa derivada del alto número de estudiantes que no cuentan con los medios adecuados (internet y computadoras) para recibir educación virtual. Sobre esta tormenta perfecta que se le viene encima al gobierno de Luis Abinader hablaremos en otro articulo

El Partido de la Liberación Dominicana, al igual que el pesquero Andrea Gail en su tiempo, inicia una travesía por un mar al que se le han prescripto condiciones meteorológicas adversas. En los cielos que los circundan, tres devastadoras tormentas amenazan con fusionarse para crear una tormenta perfecta de la cual tendrá que valerse de la pericia de un buen capitán y una tripulación eficiente.

Por un lado está la tormenta llamada Luis Abinader y el gobierno del PRM que amenaza con desacreditar y someter a la justicia a los anteriores funcionarios peledeistas que cometieron o se cree que cometieron actos de corrupción, por otro lado, está la tempestad llamada Leonel Fernández y La Fuerza del Pueblo que ha puesto en marcha un programa de sustracción de legisladores y militantes peledeistas disgustados, y finalmente está el torbellino interno que amenaza con desgarrar unas estructuras partidarias carentes de ideologías y cohesión.

El próximo 15 de diciembre del 2020 el Partido de la Liberación Dominicana cumplirá 47 años. Excluyendo las estrepitosas caídas electorales de este año, el PLD se podría considerar una organización exitosa que desde finales de los años ochenta ha sido la protagonista o coprotagonista de todos los acontecimientos importantes de la vida política dominicana.

A pesar de esto, a lo largo de su existencia el PLD ha enfrentado múltiples crisis, algunas de las cuales han sido importantes, pero ninguna ha llegado ni de cerca a la situación actual: Un Partido dividido y coqueteado por el divisor, desacreditado con razón o sin ella por el gobierno, sin un líder que pueda ser candidato y sin estructuras funcionales sobre la que se pueda sostener en medio de ese mar picado por el que navega.

Esta es una tormenta perfecta de crisis paralelas que el PLD no había experimentado en toda su historia y cuyas funestas consecuencias no son previsibles en toda su dimensión.

Ahora más que nunca el PLD debe identificar claramente sus fortalezas, conocer sus debilidades, preparase para enfrentar las adversidades que se avecinan y aprovechar al máximo las oportunidades que se le presentarán ante un gobierno inexperto que también tendrá que lidiar con su propia tormenta perfecta

¿Sobre los hombros de que capitán recaerá la difícil misión de conducir a buen puerto al PLD? ¿Sobrevivirá a la tormenta perfecta que se le viene encima? ¿O le pasará lo mismo que al pesquero Andrea Gail que a pesar de lo experimentado del capitán de la embarcación y de su excelente tripulación terminó hundido en el mar?

JPM/of-am

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