Opinión

El PLD tras nuevos profetas 2-3

Aquiles Olivo Morel

Los retos para remontar tal situación de descalabro y pérdida de simpatías estresan a los miembros del CP, máximo organismo, un reducto de los cuadros formados por el Profesor Juan Bosch en el proceso de construcción de la organización. Aunque el ingreso de nuevas figuras ha sucedido, aun prevalece el dominio y control de la ortodoxia, quienes envejecieron y cosecharon los éxitos de estos 20 años de gobiernos.

Y ahora ¿Cuál es la preocupación de quienes procuran un relanzamiento o renovación de la organización morada? ¿Representa realmente Danilo Medina un obstáculo para alcanzar estos objetivos? Peor aun ¿Realmente puede considerarse la figura de Danilo Medina como indispensable para transitar por este tortuoso proceso transformador?

Algunos no descartan nuevas fisuras del PLD a partir de la decepción electoral; tampoco descartan el surgimiento de grupos minúsculos camino a abrirse paso entre quienes siguen teniendo el control de la organización; si por alguna razón los organizadores del Congreso no logran presentar un espacio de transparencia, con la suficiente motivación y energía, no caben dudas, figuras claves se marcharán hacia otros litorales.

Ahí debe incluirse al excandidato presidencial Abel Martínez; Francisco Javier y Temístocles Montás, quienes obran a lo interno en procura de salir bien posicionado respeto a los cuadros directivos establecidos en sus estatus. Como se puede apreciar, las condiciones para el fraccionamiento del “Danilismo” parecen estar surgiendo a partir de la invalidación constitucional del expresidente de la República.

No extraña tampoco como en esta recomposición del espacio los jóvenes ta­lentosos marchan en la dirección de controlar también el máximo estamento del PLD, no lograrlo dejaría frustrados a algunos ya considerados como nuevas promesas del modelo democrático.

Ni Danilo ni Leonel Fernández pudieron percatarse como aquellas decisiones, fruto de la lucha grupal, repercutiría de tal manera en el ámbito político como para desplazarlos como figuras hegemónicas de la herencia bochista. El PLD de hoy se debate entre la desaparición y la renovación, consciente, sincera y transparente.

¡Peor aún!, deberá retornar a esa vieja base social con una narrativa cautivadora, capaz de elevarle la autoestima, a quienes golpeados por los resultados electorales ya sienten la necesidad de reacomodarse en otras organizaciones políticas afines a sus expectativas.

Nadie ignora la dificultad de alcanzar buen desempeño electoral con tantas organizaciones políticas participando y el esfuerzo competitivo realizado continua­mente por todos. El PLD disponía de una base social amplia; sus dirigentes dispersos en cada rincón de la geografía sembraban la consigna del partido de Bosch; el ejercicio del poder lo fue alejando paulatinamente hasta alcanzar los niveles de desvinculación social exhibidos hoy.

Además de esta comprobada realidad habría que añadir los casos de corrupción administrativa y las respuestas políticas dada por PLD; la contundente instrumentación de los expedientes y el sistemático ataque de los fiscales del Ministerio Público, obligando a ­declararse culpables a muchos de los encartados, golpeó de manera inmisericorde la imagen de esa organización.

Los dirigentes del PLD, en su ma­yoría atemorizados, optaron finalmente por recluirse en su casa; abandonaron sus roles y responsabilidades; jamás un candidato presidencial fue objeto de tal abandono; y, por supuesto, las finanzas de la organización menguada por la actitud de quienes se beneficiaron, al no ­realizar los aportes correspondientes, constituyó otro golpe para los morados, quienes se conformaron con los centavos de la JCE.

¡El error fatal!: La imagen del PLD no fue trabajada. Mientras a su alrededor prácticamente el espectro electoral sentía nuevas y frescas figuras encabezando los estamentos directivos de las organizaciones que competían, el PLD transitaba con quienes se defendían en los tribunales de expediente voluminoso y extravagante; imagínese usted un total de 12,274 páginas, ¡una cosa de locos!, en las lecturas los mismos jueces sorteaban maneras para optimizar el tiempo. Espere la otra entrega.

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