Opinión

El poder sin límites y la economía

Daris Javier Cuevas.

La historia está llena de lecciones y advertencias acerca de la importancia que significa custodiar los límites del gobierno en sus actuaciones y con ello resguardar la libertad. El poder sin límites dejó en los Romanos un amargo sufrimiento fruto de las consecuencias de gobernantes desbordados que los obligaron a construir múltiples mecanismos de control para que en lo adelante estas perturbaciones no se reprodujeran a escala multiplicativa.

Y es que en la naturaleza misma del poder se tiende a incubarse las acciones de salirse de los bordes que las normas constitucionales imponen al uso excesivo del poder, en el entendido de que estrictamente en los límites que se le coloquen a los gobernantes se forjarán los criterios de libertad e independencia de las naciones. La ausencia de límites al poder induce a la grosería de que el poder es para usarse y hasta arrebatarse cuando no se logra la mayoría, creándose asi el peor malestar de la humanidad, como lo es concebir el poder sin límites.

El poder sin limites es algo perverso, salvaje y monstruoso en virtud de que las naciones caen en una situación en que los gobernantes y magistrados- jueces establecen las reglas de juego para ellos mismos subordinando todo a su temperamento y voluntades. Estar en una situación asi es jugar al caos, el desorden y a la esclavitud, lo que inexorablemente conduce a los pueblos a la peor abominación ya que ningún gobernante merece ejercer el poder de manera exagerada, no importa las buenas y extraordinarias intenciones que se pueda suponer.

El gobernante que se le facilite el poder sin límites, aunque él no lo anhele, cosechará adversos gratuitos en grandes cantidades contra los que solo su poder logra apadrinar y resguardar. Son esas razones poderosas y dificultosa que cultiva un gobernante en sus mandatos que lo obligan a intentar preservarse en el su poder, sustentado en el atropello, uso desmedido del patrimonio público, cometiendo todo tipo de acciones sin escrúpulos, aunque no estuvieran previstas originalmente y quizás hasta las habría aborrecido.

Las evidencias mostradas por la historia es que existen incalculables hechos de gobernantes que apelando al poder han tenido la intrepidez de hacer hasta lo peor, aun hasta las aborrecibles, con el propósito de mantenerse más allá de lo permitido para estar el poder. Y es que el poder sin límites engendra acciones indignas que inducen a intentar conservarlo sin ningún reparo ni la más mínima prudencia y con furia.

Apelando al buen juicio y reiterando los eventos registrados en la historia de la humanidad como axioma, es demostrable que cuando existe un mal gobierno este recurre al uso degenerado del poder, lo cual lo han convertido en la regla en vez de ser la excepción para gobernar. Significando esto que, el poder político con cierta frecuencia es utilizado en beneficio de una elite y no para el bien de la población en su mayoría para solo beneficiar a unos cuantos afectando asi a la gran mayoría y vulnerando sus derechos.
Ante un escenario con las características de lo planteado, se incurre no tan solo en la degeneración del poder, sino que se combina con un abuso de este que en grado superlativo lo convierte en el aberrante exceso de poder. Pues de ese exceso de poder es que se han desprendido los calificativos de totalitarismo, autoritarismo, tiranía, despotismo y la dictadura según las actuaciones de quien ejerza el poder sin límites.

Una compresión de la vinculación existente entre la economía política, la economía, la política económica y el poder político permite interpretar la compleja relación que se construye entre las actividades económicas, las instituciones, la sociedad y el ejercicio del poder. Esta relación conduce a la sesuda reflexión de que la primera victima del abuso del poder es la economía ya que esta es sometida a un elevado nivel de riesgos cuando los gobernantes tienden a sobrepasar los límites de poder que trastornan la dinámica de la economía.

Apelando al pensamiento económico nos encontramos la preocupación predominante de ponerle límites al poder del Estado, en particular a los gobernantes, por la perturbación que sufre una economía cuando el poder sin limites vulnera derechos, se impone y restringe la libertad económica. En los enfoques de Adam Smith encontramos esas preocupaciones cuando hacía referencia a las funciones esenciales del Estado, la sociedad y la justicia.

Bajo el enfoque de la economía política siempre se procuraba vincular a esta con el análisis económico y el ejercicio del poder. Así los procesos sociales e institucionales evidencian que los grupos económicos y políticos que se instalan en el poder con practicas ilimitadas del poder terminan destruyendo la sociedad, las instituciones y la economía de una manera brutal con consecuencias irreparables durante un largo periodo.

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