Opinión

El presidente Medina y la memoria de Artemio

Por: Rafael A. Escotto

«No obstante -prosiguió-, hablar con franqueza y decir la verdad son cosas distintas. La relación que media entre franqueza y verdad se asemeja a la existente entre la proa y la popa de un barco. La franqueza asoma en primer lugar, para acabar mostrándose la verdad. Esa diferencia temporal está en proporción directa con la envergadura del barco. La verdad, cuando concierne a cosas grandes, es reacia a aparecer. “La caza del carnero salvaje” (1982), Haruki Murakam

No quiero pensar ni lejanamente que el presidente Medina se asemeja a la memoria de Artemio, al personaje que aparece en el cuento de Ema Wolf, El mensajero olvidadizo, quien durante un viaje del interior del país a Santo Domingo olvida sus promesas ofertadas a comunidades que le reclaman obras de interés social y que el presidente promete públicamente ejecutar empeñando su palabra.

Creo que en este caso debo recordarle al honorable señor presidente Danilo Medina, una frase del político italiano Giuseppe Mazzini, apodado «El alma de Italia«, quien dijo en una ocasión que «Las promesas son olvidadas por los príncipes, nunca por el pueblo«

A algunas personas en el país le ha movido a preocupación y en mayor medida, a los habitantes de Monción la confesión que hizo el presidente Danilo Medina recientemente, hecha tal vez en forma ingenua, que «luego de realizar visitas sorpresas y prometer obras en el interior, al llegar a Santo Domingo las mismas se les olvidan, razón por la que en ocasiones estas tardan para realizarse«.

Esta revelación tan sorprendente y tan espontánea venida de un jefe de estado a quien los ciudadanos le toman la palabra me recuerda tristemente a aquel mensajero de la corte de Clodoveco I, rey de todos los franceses, que reinó del año 481 al 511, llamado Artemio, del cual se decía que tenía una «memoria afinada y tensa como un arco, quien al recorrer varios kilómetros había olvidado todo, o casi todo.

Refiere la nota periodística un hecho de un acueducto en Monción, Santiago Rodríguez, que luego de haber el presidente Medina ofertado la obra a sus anhelantes habitantes, una vez llega a Santo Domingo, «se le olvida«.

Es natural que a los gobernantes se le olviden algunas promesas por el cúmulo de compromisos sociales y políticos. No obstante, los gobernantes están asistidos de colaboradores que se suponen eficaces en mantener cuadernos de agendas donde se registran o anotan compromisos o prioridades sociales aceptadas por el mandatario que son ineludibles para conservar su liderazgo político y su credibilidad frente a sus gobernados..

Narra la laureada escritora argentina en su cuento, «El mensajero olvidadizo«, que en una ocasión el rey Leopoldo quiso comunicarle al rey Clodoveco el feliz suceso del natalicio de su abuela. A continuación este era el mensaje que Artemio debía comunicar textualmente:

«Te saludo, Clodoveco, y te anuncio que mañana va a cumplir noventa años la reina nona Susana«.

Según cuenta la autora de otro relato importantísimo escrito por ella titulado, «Barbanegra y los buñuelos«, que Artemio cruzó charcos, montañas y nadó ríos, cuando llegó ante el rey Clodoveco dijo lo que se le ocurrió, cuyo mensaje había olvidado en el transcurso del largo viaje el mensaje, Veamos:

«Te saludo Clodoveco, y te cuento: esta mañana en el jardín florecido se me ha perdido una rana«.

Clodoveco no entendía por qué el rey Leopoldo tenía preocupación por una simple rana. Y se dijo asimismo: «Leopoldo debía estar loco«. Pero allá mandó a Artemio con un mensaje que decía:

«Lo siento, ya conseguirás otra«

¿Cuál era el real problema de Artemio? Que tenía una memoria incapaz de codificar información.

En el caso del presidente Medina me resisto a creer que tenga una mente tan olvidadiza como la de Artemio, el personaje del cuento de la escritora argentina Wolf. Sin embargo, los ayudantes que le acompañan al jefe de estado en cada visitas sorpresas es posible que ciertas obras no sean atractivas económicamente, aunque para los ciudadanos afectados un pequeño acueducto signifique la solución de un problema social importante.

Las obras, pequeñas o grandes, a las cuales se compromete social y políticamente un presidente frente a los habitantes de una pequeña comunidad, lejana o cercana a la capital del país, tienen el mismo rango de prioridad.

Ahora bien, permitir que el presidente diga abiertamente y sin guardar el debido respeto a su base electoral, que cuando llega a Santo Domingo se le olvida las obras prometidas a las comunidades del interior, debe considerarse algo así como vender la honra del presidente. Me detengo aquí para insertar una frase de Miguel de Cervantes: “Es mejor la deshonra que se ignora, que la honra que está puesta en la opinión de las gentes.”

¿Debió el presidente Danilo Medina expresarse de tal manera públicamente? O, por el contrario, ¿Debió ocultar su franqueza y hacer lo que debe de hacer, incluso tardíamente, dentro de las responsabilidades sociales y políticas de un gobernante?

Después de esta desdichada declaración del presidente Medina, los pobladores de Monción, ciudad donde nació el alcalde del Municipio de Santiago y expresidente de la Cámara de Diputados, Abel Martínez Duran, disculpan al mandatario por el lapsus, pese a ello tienen el derecho de sospechar que el presidente tal vez quiso golpear al dinámico sindico de la segunda ciudad más importante del país por el respaldo que este le dio en Santiago al expresidente y precandidato presidencial para las elecciones de 2020, Leonel Fernández Reyna.

No dudo que si el presidente Medina viene a Santiago como destacado miembro del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) y en su condición de jefe de Estado, el alcalde Martínez Duran, como componente destacado de ese partido y como administrador de este municipio, su presencia estaría allí apoyando decisivamente la autoridad suprema del Estado.

No creo que el presidente Danilo Medina sea una persona vengativa, empero, en los superhéroes de Marvel, es posible, como dijera el Iron Man: «Acechar en la oscuridad provocando el miedo de tus enemigos parece tener cierto atractivo primitivo«.

Tengo un gran respeto por el presidente Danilo Medina y su obra de gobierno. Pero no quisiera yo pensar en este caso como expresó el filosofo y ensayista español, autor de los libros «Meditaciones del Quijote« (1914) y «Papeles sobre Velázquez y Goya« (1950), Ortega y Gasset: «Todas las filosofías cínicas han hecho su entrada en la sociedad arropándose con los guiñapos de la franqueza«.

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