Editoriales

El “tapón” Santiago-Licey

Santiago ha ido alcanzando el estatus de una importante urbe masificada. Con esa transformación la Ciudad Corazón viene registrando el mismo problema del tránsito que se da en el Gran Santo Domingo, donde la densidad vehicular y las malas prácticas en la conducción “entaponan” la circulación vehicular, haciendo demorosa y estresante la traslación de vehículos, cargas y pasajeros.

Ese comportamiento del tránsito se hace muy visible en las primeras horas del día, así como también por las tardes a partir de las cuatro, cuando se hacen extensos y largos los “tapones”. Esa es la rutina diaria del tránsito y no se vislumbra una solución a ese pro­blema que complica y hace hostil el comportamiento de los transeúntes que transitan por calles y avenidas de la ciudad.

La esperanza de los santiagueros está cifrada en el Monorriel y el Teleférico, mo­dernas herramientas para agilizar y masificar el transporte de pasajeros. Esas nuevas moda­lidades técnicas, sin embargo, no aseguran la solución del problema del tránsito, tal como se ha visto en Santo Domingo.

El enfoque para la solución del tránsito urbano tiene que partir de la identificación de las causales del problema, las cuales tienen que ver con tres situaciones: la falta de un sistema de transporte urbano masificado y colectivizado que reduzca o elimine las pequeñas unidades vehiculares, como el concho y el motoconcho; la inexistencia de un efectivo control y regulación de la importación de vehículos para el transporte individual; y la ­reorientación de las facilidades financieras que ofrece la banca para la adquisición de vehículos de uso individual, incentivando la adquisición de vehículos para uso comercial y agrícola.

Esa es la matriz causal de que cada año entren a la red vial urbana e interurbana decenas de miles de unidades vehiculares nuevas de uso individual, provocando la explosión de la densidad vehicular, que luego se traduce en los famosos “tapones” que hacen colapsar la ciudad y frente a los cuales las autoridades no tienen las respuestas adecuadas.

Mientras se comprenda esa situación, en la actual red vial se presentan serias dificultades en las cuales se hacen evidentes las irracionalidades del sistema del tránsito y de transporte urbano.

Por ejemplo, en Santiago en la carretera Santiago-Licey a la altura de la Circunvalación Norte, en ese puente elevado convergen las vías marginales de la Circunvalación y los dos sentidos de la carretera Duarte, donde se producen largos “tapones” de más de tres kilómetros, tanto en las horas pico de la mañana, como a las horas pico de la tarde, haciendo insoportable el tránsito por ese punto.

Además de las fallas de ingeniería en el dise­ño de ese elevado y sus marginales, es notorio la falta de semáforo y/o de policías de la DIGESETT, de modo que alivien el nudo urbano que se da todos los días en ese tramo de la carretera Santiago-Licey.

¡Comencemos a resolver puntos neurálgicos de los “tapones” urbanos!

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