Opinión

El target del político dominicano

Como un recuerdo de los más vivos guardo latente aquellos momentos cuando siendo un carajito en calzoncillos y en plena campaña electoral de 1996 vislumbré desfilar frente a mi casa en Mao a las figuras que entonces aspiraban, siendo exclamadas por turbas entonces más sectarias pero con la indefinición de caracteres que aún hoy preservan y que refieren al blanco idóneo de nuestros aspirantes.

La vida me ha puesto más cerca de los candidatos, pero también de los seguidores. En cuanto a estos no ha sido mucho el cambio, por tal las propuestas no han sido tan modificadas: los 50 o 100 pesos pasaron a ser los 300 o 500 de hoy; el aspecto psicodemográfico es indefinible; la desorientación cultural los hace permeables a las burlas discursivas y para ello siguen sin rango de edad limitado.

El politiquero local no repara en género, preferencias sociográficas o variables demográficas. Basta quien esté detrás de su ron o la comida de turno para garantizar el posicionamiento de su producto.

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