Opinión

El viaje de animales a dioses (1)

Publicado primero en lengua hebrea, en 2013, no fue sino hasta su publicación en inglés en 2015, que el ensayo “Sapiens. De animales a dioses. Breve historia de la humanidad”, de Juval Noah Harari, saltó a la fama cosechando tiradas de millones de ejemplares en decenas de lenguas del planeta.

Hay que remarcar el dato de que, para nuestro autor, el ‘Homo sapiens’ aparece por evolución hace 200,000 años. Pero la llamada revolución cognitiva, que da lugar al ‘sapiens’ de hoy, que desarrolla el lenguaje ficticio y la capacidad de cooperación, tuvo lugar hace apenas 70,000 años.

El relato, que precisa del domino del lenguaje ficticio, tiene una relevancia única en la construcción de la historia de los ‘sapiens’. Esta especie empieza a formar estructuras sociales complejas a las que llamamos cultura. El desarrollo subsiguiente de esas culturas ‘sapiens’ es lo que hoy día llamamos historia.

Así, el relato del “Big bang”, que origina la materia, la energía, el tiempo y el espacio hace 13,500 millones de años da lugar a lo que llamamos física. Hace unos 10,500 millones de años, materia y energía dan lugar a los átomos y las moléculas. Al relato de sus interacciones le llamamos química.

Hace unos 3,800 millones de años en el planeta Tierra tienen lugar los organismos, a cuyo relato llamamos biología. Sentadas estas bases, se producirán las tres grandes revoluciones de la historia.

La revolución cognitiva, que marca la hegemonía del ‘sapiens’ en el reino animal; la revolución agrícola, que data de alrededor de 12,000 años, y la revolución científica, que tuvo lugar hace unos 500 años.

Desde el ‘Australopitecus’ o simio austral hasta el ‘Homo desinova’, cuyos fósiles se hallaron en la cueva Desinova de Siberia en 2010, pasando por los géneros ‘Homo neanderthalensis’, ‘erectus’, ‘sapiens’, ‘soloensis’ y ‘floresiensis’, antes que linealidad de descendencia directa lo que podemos sustentar es que hace 6 millones de años una única hija de simios tuvo dos hijas, una que se convirtió en ancestro de todos los chimpancés y otra que devino nuestra abuela.

Existen dos teorías explicativas del poder hegemónico del ‘sapiens’. La teoría del entrecruzamiento, que sustenta la mezcla sexual y por tanto genética de las diferentes especies humanas, sobre todo ‘sapiens’ y neandertales, y estas se entrecruzaron a su vez con ‘erectus’ asiáticos.

La otra teoría es la de la sustitución, que asume que neandertales y ‘sapiens’ se mantuvieron separados, pero los ‘sapiens’ sustituyeron o extinguieron a los neandertales.

Esto hace suponer que los ‘sapiens’ somos puros. Si esto es cierto, todos los humanos tenemos el mismo “equipaje genético” (p. 29) y, consecuentemente, diferencias raciales insignificantes. Con el entrecruzamiento, en cambio, habría diferencias genéticas entre europeos, asiáticos y africanos, que darían lugar a fundamentos ideológicos de supremacías raciales y culturales.

El lenguaje único y flexible del ‘sapiens’ es lo que le facilita imponerse sobre las demás especies. Se trata de las capacidades lingüísticas básicas de la especie; no de un dialecto o lengua en particular.

El lenguaje único es la base de la sociabilidad. A partir de la facultad del lenguaje flexible, los ‘sapiens’ conquistan el planeta Tierra en base a tres características fundamentales: la capacidad de pensamiento o de simbolización; la cooperación como base de las grandes tareas y la imaginación o ficción como base para la construcción de relatos, mitos, ideologías, religiones o leyendas.

Sin los mitos hubiera sido imposible emprender grandes proyectos de cooperación efectiva. La religión es la mejor muestra de ello.

Los humanos operan en cooperación porque tienen un órgano privilegiado, el cerebro, que a su vez faculta la memoria. La ruta del viaje está ahora trazada.

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