Editorial

Emergencia

El presidente Danilo Medina pidió al Congreso declarar estado de emergencia nacional, dispuso el cierre de las fronteras por tierra, mar y aire, suspensión de docencia hasta el 13 de abril, cierre de comercios por 15 días, de eventos y concentraciones, entre otras disposiciones para contener el contagio de coronavirus.

Esas medidas extremas, que incluyen cuarentena para empleados públicos mayores de 60 años pero con alguna condición médica especial, y la reducción de labores en un 50 % en la administración estatal, se alinean con las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) para afrontar la pandemia.

La ciudadanía está compelida a recibir y acoger ese programa de emergencia sanitaria con elevado sentido de obediencia cívica, en el entendido de que la pandemia de coronavirus solo puede ser contenida con el decidido concurso de la población.

Se resalta como positivo la suspensión durante el periodo de crisis de marchas, mítines y caravanas, así como los concurridos mercados fronterizos y de pulgas, así como todas las inauguraciones del Gobierno, porque el aislamiento social y la cuarentena constituyen las mejores armas para combatir el coronavirus.

Ante el impacto negativo sobre la economía que tendrán esas medidas, el Presidente ha prometido que el Gobierno acudirá en auxilio de los sectores hotelero, industrial, comercial y de Pymes, a través de paquetes de medidas de orden fiscal y monetario.

Como ha señalado el mandatario resulta crucial contar con el apoyo de toda la sociedad al paquete de iniciativas que procuran garantizar la salud de la población, por lo que la responsabilidad y solidaridad serán valores predominantes en ese comportamiento colectivo.

Gobierno y sector empresarial deberían consensuar una justa interpretación del Código de Laboral para que los trabajadores obligados a cuarentena no resulten perjudicados con el impago o drástica reducción de sus salarios, como desde ya proponen bufetes de abogados laboralistas.

El presidente Medina ha cumplido con anunciar la aplicación de un programa de emergencia nacional destinado a contener la epidemia del coronavirus, por lo que corresponde ahora al propio estamento estatal, empresariado, liderazgo político, academias y sociedad civil halar la cuerda en la misma dirección.

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