Editorial

Empujar en la misma dirección

Admitido está con reiteración desde este espacio, el que los comportamientos ciudadanos de seguimiento a directrices para protección de la salud tienen que permanecer como piedra angular para la contención del Covid-19. No niega este criterio el que para ganar la batalla resultan imprescindibles las decisiones del Gobierno con vuelco de recursos hacia acciones de salubridad, con permanencia en un liderazgo enérgico y de resolución para valerse del ahorro nacional y de la capacidad de endeudamiento del Estado para que no aparezcan vacíos en las logísticas en que debe fundarse el funcionamiento de la maquinaria asistencial. Los usos masivos de mascarillas en la comunidad con disponibilidad total de herramientas para actuar y protegerse del personal sanitario, deben ser impulsados con ingentes medios por autoridades.

Creativamente el país debe estar abierto a la adopción rápida de tratamientos y fármacos innovadores que acumulen resultados concretos contra la enfermedad del nuevo virus. Ante señales de que la nación quedaría retada a disponer de más espacios provisionales de fácil instalación para aislar pacientes y a potenciales transmisores de la infección, la capacidad del Gobierno para llenar tales cometidos está ya puesta a prueba. Véase el coronavirus como dramática convocatoria pocas veces vista para que gobernantes y gobernados cumplan sus urgentes roles.

Asegurar pan para mayo

Los pasos para contrarrestar los efectos del Covid-19 sobre la salud colectiva tienen que incluir en su foco las inmediatas consecuencias sociales y económicas de este mal que incluyen, entre otras, destrozos sobre la producción de alimentos tanto para consumo en el país como para exportación. La salud y la vida son primerísimas pero no deben faltar programas para salvar de un desastre a los entes que proveen comestibles.

Viven en este momento una paralización con menor capacidad para contratar mano de obra y acceder a mercados, incluyendo los del exterior y enclaves turísticos. El Gobierno debe duplicar sus habituales papeles de intermediación y distribución de fines sociales que llevan al público los frutos del campo. Extender brazos protectores hacia fincas y obreros agrícolas y sus familias.

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