Opinión

En cada pueblo hay vagabundos. A quien pertenecen?

Fausto García

“El aprendiz” 

La vida y sus cosas son de forma y de fondo.  Lamentablemente, hay quienes pierden el fondo, por estar guardando “las formas”. (Fausto García) 

El ultimo artículo tratado por el Dr. César Mella en su columna “De salud y otras cosas” del periódico El Nacional del día 8 de los corrientes, de titula ¿Eres un vagabundo?  El mismo llegó, para mi justamente en buen momento, pues tenía par de meses buscando el titulo de como llamarle a una inquietud relativa a esos “Renglones torcidos de Dios” pero no lograba encajarlo, pues son tan amplios los aspectos o factores ligado al tema, que en pocas líneas se hace difícil acotar los tópicos más llamativos.

Por no decir otra cosa, soy un apasionado con los temas de la mente y la salud en la misma, es por esto que algunas realidades vividas en la ciudad de Santiago de los Caballeros y otras poblaciones cercanas en torno a los vagabundos, venia demandando mi atención o inquietud.  El Dr. Mella termina su atinada reflexión diciendo “La psiquiatría mundial avanza, pero los quebrantos del cerebro son cada vez más complejos y los sistemas sanitarios están altamente comprometidos con las llamadas enfermedades biológicas. El futuro nos demanda amor y comprensión con el deambulante.”

 

Tomo justamente esta ultima parte para decir con él, que no solo el futuro, sino el ahora “nos demanda amor y comprensión con el deambulante.” En este final de año, en que estamos celebrando en el culto católico justamente el adviento, -tiempo de preparación, de espera, de vigilancia, de esperanza- porque ha de venir el niño Dios, que ya vino y vino en la historia, viene en el presente de mi vida y que vendrá en el futuro, pues tal y como termina el Apocalipsis “El que da fe de estas palabras dice: «Sí, vengo pronto.» Amén. Ven, Señor Jesús.” (22, 20)

A propósito de los vagabundos, solo quiero relatar, dos situaciones, la primera, en parte recogida en febrero de este ano donde produjo un artículo denominado ¿CÓMO QUIERE VIVIR? LA DECISION ES SUYA. En él decía entre otras cosas: “A propósito, -de mal gusto y recuerdo para mí-, también de lamentación, tengo un amigo cuyo oficio es pintor, de quien venía notando hace tiempo, ciertas desarmonías en sus ideas y a quien incluso usaba para algunas tareas menores, como diligencias en una o dos oficinas cercanas.  Pues resulta que hace algo más de un mes, que llamó de una de esas oficinas donde le había enviado, pidiendo a mi asistente que lo fuera a buscar con policía pues si no era así, no salía de allí, ya que lo estaban buscando para matarlo. Se le fue a buscar, aunque sin policía, pero concluí que definitivamente no andaba bien. Al cabo de unos días, una tarde me hizo como diez llamadas, oré por él y con él, y le prometí buscarlo, pues eso me pedía, ya que había un grupo afuera, fuertemente armado, que quería matarlo, me decía.  Realmente no pude ir, pero pude hablar con un pariente y le recomendé llamar al 911, lo que al efecto hicieron y fue llevado e ingresado a salud mental del Cabral y Báez. A la fecha se ha recuperado un poco, pero sigue interno. Les cuento esta triste historia como un botón que muestra parte de lo que nos puede pasar con la “loca de la casa” como le llamaba Santa Teresa.”

 

La segunda es la relatada por el Dr. Mella en su artículo.  Los tantos vagabundos que andan por nuestras calles y que habitan en condiciones inhóspitas debajo de los puentes y en los centros de las principales ciudades, donde antiguas e importantes edificaciones de artes y culturas, lo mismo que oficinas públicas, les sirven de guaridas los 365 días del año sin que a los “sanos” nos llamen la atención.  Hay dos casos, que tiñeron y tiñen mis ojos en este 2019, y que reclaman de mi ese amor y comprensión que refiere Mella hacia los deambulantes.  Uno es, camino a Jima, La Vega, un joven señor, que se pasea desnudo por la carretera principal y con una ropa envuelta tapándose sus genitales -lo que dice para mi que su locura no es tan grave-; y el otro es, una joven señora, que lleva meses que se pone en las aceras de la calle Cuba y Beller, en esta ciudad de Santiago.  Toda harapienta y mendiga, a veces se teje una cola con los cabellos y hace con ella y periódicos o papel una cola larga, como si tuviera complejo de india, pero que sus características dicen que su malestar mental no es tan grave.  ¿No se llama esto violencia de género? ¿Y dónde están las feministas apasionadas? ¿O acaso no es ella mujer violada, ultrajada, violentada en su dignidad e integridad?

 

Termino diciéndoles que mi amigo pintor lleva varios meses trabajando en una empresa privada de la ciudad, que no ha vuelto a tener problemas, y hoy se ve y esta muy rozagante y sano.  Me pregunto, entonces, ¿DE QUIEN SON LOS VAGABUNDOS? ¿Por qué no hay una política clara de parte del Estado que se ocupe de estos “pequeños” de DIOS?

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