Editorial

En el novenario de despedida de Luis O. Brea Franco

Este martes en la parroquia de la Divina Providencia, de Arroyo Hondo, se celebró la misa por el novenario de Luis O. Brea Franco.

El sacerdote Pablo Mella, SJ. presidió la eucaristía, y su hermana Rosa Mariana Brea pronunció unas palabras de recordación y merecido homenaje íntimo a Luis Oscar Brea Franco.

Acento se siente doliente del deceso de este gran intelectual y colaborador de nuestro diario. El director estuvo presente en la misa para despedir a Luis.

Si hubiésemos tenido la oportunidad de decir algo, lo habríamos dicho de este modo, ante el público de la parroquia de Arroyo Hondo:

Hemos venido a despedir a Luis Oscar Brea Franco.

Su sepultura, el 3 de noviembre, fue un durísimo golpe a todos los que quisimos a Luis, y por sus méritos queremos seguir recordándolo. Pocos de sus conocidos y allegados se enteraron del deceso, y se procedió bajo la premisa de que habría fallecido por el Covid-19. Hoy sabemos que no fue así.

Luis merece una despedida digna. Luis merece una valoración que le permita ocupar el sitial que le corresponde. Luis merece un reconocimiento.

Fue un hombre íntegro. Un hombre de bien. Luis fue un dominicano dedicado a la cultura, a la búsqueda de respuestas sobre nuestra identidad. Luis hizo esfuerzos extraordinarios para brindar respuestas adecuadas, honestas, bienhechoras sobre nuestra procedencia, cultura, sentido de existencia y los compromisos que nos tocaban como país, como parte de una región diversa y multicultural, y como parte de un Estado organizado.

Luis ha sido de los pocos intelectuales dominicanos que ha creado pensamiento, que hizo propuestas filosóficas de identidad y que nos colocó en un contexto más universal, y nos relacionó con los grandes creadores. No se le escapó ese compromiso intelectual, proveniente de Pedro Henríquez Ureña, de brindarnos definiciones, conceptos, explicaciones a partir de los clásicos griegos y de los grandes escritores de los siglos XVIII y XIX.

Como pocos intelectuales contemporáneos, Luis conocía profundamente las aguas en la que se movían sus intereses e ideas. Partía de la ficción universal, de los clásicos, y muy especialmente de su autor más estudiado y más apreciado, Friedrich Nietzsche, para proponernos desafíos y análisis que al momento de presentarlos pocos quisieron o se propusieron entenderlos.

Habrá que contar la historia de los hermanos Brea Franco, especialmente de Julio y Luis, que fundaron una de las mejores librerías culturales de la República Dominicana, y que concibieron una forma de estudiar y comprometerse con la cultura. Luis quedó como el gran intelectual solitario, desprendido, desinteresado de los asuntos materiales, al que finalmente los burócratas estatales y partidarios patearon y denigraron, exprimiendo su bondad, su honestidad y entrega. El que redactó las leyes y concibió el modelo de actuación del Estado en el plano de la cultura. El nunca reconocido ni designado ministro de Cultura, debido a las mediocridades de una sociedad que se desinteresó y sigue desinteresada por una tarea que es esencial para nuestro futuro: La cultura asumida como la pensó y la propuso Luis O. Brea Franco.

Tus días finales, apreciado Luis, quedaron marcados por la tristeza, la soledad, la poquísima atención recibida, y tu empeño sostenido, y al que nunca renunciaste, de que el Estado funcionara bien, en justicia, con la responsabilidad que tenía con la cultura y con los que asumieron, como tu, el deber de levantar esa bandera.

Si no es posible hacerlo ahora, por la pandemia y las medidas de aislamiento que implica, habrá que hacerlo más adelante: Sus allegados, familiares, amigos, hermanos, estamos comprometidos a reivindicar al intelectual, al hombre de Estado, al pensador, al maestro, al filósofo que fue Luis Oscar Brea Franco.

Me tocó compartir con Luis, con detalles, algunas de sus principales preocupaciones, en las últimas horas de su vida. Creo que tenemos un compromiso, que no podemos abandonar y que no concluye con este acto religioso. Luis debe seguir vivo en nuestros corazones y en la memoria colectiva. Y hay que mantenerlo así, para la posteridad, y que sus obras se cuiden y reivindiquen.

En su último artículo, sobre París y su papel en la cultura universal de mitad del siglo XIX, Luis escribió un párrafo que quiero recordarlo aquí, como palabra concluyente. Escribió, y se publicó de forma póstuma, cinco días después de fallecido:

Nietzsche muestra en un breve y trágico párrafo, el terrible averno que es el eterno retorno, en el aforismo No. 6, comenta: Consideremos este pensamiento en su forma más terrible:la existencia, tal como es, sin sentido ni propósito, pero vuelve inevitablemente sin un final en nada: el eterno retorno. ¡Esta es la forma extrema de nihilismo: la nada,la ausencia plena de sentido eterno!Es la forma europea de budismo: la energía del conocimiento y de la fuerza obliga a semejante creencia. Es la más científica de todas las hipótesis posibles. Negamos todo propósito final: si la existencia tuviera uno, ya lo habría alcanzado.

Muchas gracias querido amigo. Espiritualmente seguiremos en contacto.

Mostrar más

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Mira también
Cerrar
Botón volver arriba