Editorial

En la pista de las elecciones

La celebración de dos elecciones nacionales, con posibilidades de opción a una tercera, anticipa un año de mas politiquería y menos trabajo, a todos los niveles.

La proximidad de los comicios municipales, faltando desde hoy 40 días, con dos de ellos feriados para el 16 de febrero, será para los partidos políticos una especie de carrera de velocidad de cien metros, donde deberán agotar muchas energías para triunfar.

Estas elecciones en puertas exigirán, tanto del gobierno como de los partidos de oposición, un estiramiento de sus musculaturas electorales para entusiasmar y movilizar a los votantes en un período de tiempo muy limitado.

Luego de estas elecciones y de las infaltables impugnaciones que siempre se suelen hacer a los resultados, las fuerzas partidarias tienen que reabastecerse de recursos y de energías para prepararse frente al nuevo tramo de la competencia, con las elecciones congresionales y presidenciales del 17 de mayo.

Dependiendo de los resultados de los comicios municipales, cada partido revisará sus estrategias por si tienen que acomodar sus logísticas de competición, pero en un ambiente que estaría marcado por los preparativos para la asunción de las nuevas autoridades el 24 de abril, es decir, en la antesala de otras elecciones.

El aparato estatal, que está comprometido a lograr en este año los mejores índices en la producción de alimentos para honrar el compromiso de consolidar la seguridad alimentaria, podría verse muy impactado por estos febriles aprestos electorales, ya que el partido de gobierno lleva candidatos a alcaldes, vicealcaldes y regidores, muchos de ellos en plan de reelección.

Esto quiere decir que los funcionarios que son a la vez candidatos a repetir o a debutar ocuparán necesariamente su tiempo en estos menesteres, no en sus obligacones públicas, lo que podría significar descuidos o incumplimientos con sus comunidades.

Falta por establecer, al margen de estas actividades muy localistas, en qué medida las tensiones o los actos de guerra entre Estados Unidos e Irán podrían afectar la economía mundial y, por ende, a la nuestra, y a qué costo.

Una previsible distorsión del cuadro mundial repercutirá en muchos ámbitos de la vida nacional, mientras discurre la lucha sin miramientos por el poder, que parecería ser la prioridad número uno de los políticos.

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