Opinión

¿En quién creer?

Dr. Frank Espino

“Puedes engañar a todo el mundo algún tiempo. Puedes engañar a algunos todo el tiempo. Pero no puedes engañar a todo el mundo todo el tiempo” Abraham Lincoln

Todos los hombres coinciden que lo más importante para el ser humano, es sentirse sano, estar sano, busca la sanidad, vivir en armonía y felicidad paro no estar enfermo.

A todo momento se desea que la vida nos sonría, y para ello, Dios ha puesto en manos de los médicos y los que tienen la responsabilidad de prevenir y curar, los conocimientos y las facilidades diagnósticas y terapéuticas para perpetuar la especie humana.

Para que exista una salud, debe haber una integración del paciente, médico, tratamiento y vías de aplicación.

Si algunos de estos eslabones se rompen por algunas circunstancias va a provocar una disfunción, por ende una complicación.

De nada sirve que los médicos tengan buenos conocimientos. Que se cuente con buena plataforma diagnóstica. Que el paciente sea capaz de reciprocar la terapéutica. Si los medicamentos que se van a aplicar son declarados no aptos para el consumo ni física ni en calidad.

Por lo visto, no hay supervisión de control, de las propiedades y mucho menos de la cantidad que se requiere  para tratar determinada patología.

Esto último ha sucedido un sin número de veces, lo que pone en peligro la vida del paciente, el prestigio del médico de la institución y el personal donde se aplica.
¡La violación de la dosis y  concentración que se debe aplicar a un paciente enfermo, y sobre todo de enfermedades crónicas o catastróficas, es criminal!

Pero vemos con que facilidad, en nuestro medio muchos violan continuamente estas normas prudenciales y de salubridad, y siguen como si nada ha pasado. Salen tan fácilmente de las manos de la justicia, sin que a muchos les importe y todo por las ansias desmedidas de ganar dinero a expensa de los más infelices y de los más necesitados,

Los ejemplos son muchos. Los personajes abundantes. La justicia cada día se aleja de sentencias que sirvan de escarmientos a todos esos mercaderes que juegan con la salud,  las vidas de niños, mujeres, envejecientes, pacientes crónicos y desvalidos, por el simple hecho de ganancias pecuniarias.

La falsificación de medicamentos es tan peligrosa como fallarles los frenos a un vehículo a gran velocidad.

Un microgramo salva una vida. Una disminución de miligramos en un antibiótico hace resistencia bacteriana. Una inyección de antialérgico que solo sea agua, aumentará la agresión tisular. Insulina, antihipertensivo, analgésico que no cumpla con los estándares de aplicación, llevará a la tumba a muchos. Independientemente dónde y quién lo aplique.

Por eso es que si la justicia, no interviene, si se sigue jugando a la maldad, si no tenemos control de calidad y vigilancia ante los falsificadores de productos farmacéuticos, tenemos que preguntar: ¿En quién creer?

El autor es médico, escritor y profesor universitario.

Mostrar más

Publicaciones relacionadas

Botón volver arriba