Opinión

Entre “sebo” y “sebería”

Domingo Caba Ramos

(A mi más fiel y asiduo lector : Lic. Pedro Domínguez Brito )

«Frases idiomáticas – Bajo esta denominación se incluyen las expresiones o modismos formados por varias palabras con significado global y que constituyen unidades de comunicación autónomas, independientemente de su estructura sintáctica o  idiomaticidad»

 (Dra. Irene Pérez Guerra)

Como parte de la llamada lengua coloquial, se registran los particularismos lingüísticos: dichos populares, locuciones, adagios, refranes y frases hechas, técnicamente conocidos con el nombre de modismos. Se trata de formas peculiares de expresión que de una u otra forma configuran la identidad lingüística y cultural de un país, comunidad, pueblo o región. Sea cual sea el ámbito donde tengan vigencia, con el uso de modismos, el hablante casi siempre, en forma figurada o a través de imágenes, pretende condensar un concepto en pocas palabras y transmitirlo a todos aquellos que comparten una misma lengua.  Por esa razón, el significado de un modismo, solo los hablantes pertenecientes al territorio donde se utiliza pueden comprenderlo. 

Un modismo se define  como la expresión que se utiliza dentro del ámbito informal de una lengua, cuyo significado no puede ser deducido a partir de las palabras que lo componen, y cuya comprensión solo es posible dentro de una determinada región o comunidad lingüística. También como la palabra o construcción con un significado establecido en una lengua y que pierde sentido al traducirlo literalmente a otro idioma.

Existen modismos que afectan el habla general de una nación: “Estar en olla” (Carecer de dinero o recursos económicos), “Tener los pies sobre la tierra” (Tener conciencia de la realidad), “Borrón y cuenta nueva” (Olvidar y empezar de nuevo), “Dar la mano” (Ayudar), “Llover a cántaros” (Llover mucho), etc.  Otros sólo tienen vigencia en una región determinada, y otros apenas trascienden el ámbito de una ciudad, una comunidad o cualquier grupo reducido de hablantes. Tal es el caso, en el habla tamborileña, de las muy usadas voces “sebo”, «seba» y “sebería», particularismos lingüísticos propios o característicos de los hablantes residentes en Tamboril; pero muy especialmente, de aquellos con más bajo nivel de instrucción.

Conforme a los antes dicho, todo parece indicar que la vida tamborileña discurre en todo momento entre “sebo”, y “sebería”. Y conforme a esta dialectal realidad, en Tamboril no resulta extraño escuchar expresiones como las siguientes:

 “¡Qué sebo…!”

 ¡Qué sebería…!”

– “Por no hablar la engañaron. Esa es la muchacha más “seba…”

– “¡Qué cuento más sebo…!”

– “No hables tanta sebería…”

– “Ese es el hombrecito más sebo que yo he conocido…”

– “No me gustó la blusa que me compraste, está muy seba…”

– “Tú si eres sebo…”

A la luz de los ejemplos anteriores, las voces “sebo”, “seba” y “sebería» en la práctica lingüística de los tamborileños, soportan los más negativos significados, o sea, entrañan no sólo uno, sino diversos valores significativos, los cuales describen o aluden siempre a cualidades nada envidiables.

En el caso de la muchacha “seba”, por ejemplo, se tratará de una joven tímida o tonta, en tanto que por blusa “seba” habrá de considerarla como una blusa fea, anticuada o de mala calidad.

Hablar “sebería” sería lo mismo que hablar tonterías o cosas sin importancia. Y como el “más sebo”, habrá de calificarse al cuento incapaz de provocar risas o carente por completo de gracias, humor o jocosidad.

Y un hombrecito “sebo”, ¿qué significa? Preferimos que sean los amables lectores quienes den respuesta a esta interrogante.

Si usted, amigo lector, escucha a un hablante dominicano emplear en su diaria conversación una de las frases anteriores, no lo pregunte o piense dos veces: es tamborileño.

Si bien es cierto que en este municipio, las susodichas voces (“sebo», » seba» y «sebería”) se escuchan o son empleadas por hablantes pertenecientes a todos los niveles socioculturales, conviene reiterar que son las personas de más bajo nivel de escolaridad quienes la utilizan con mayor frecuencia. Deténgase a escucharlos con mucha atención, y muy pronto usted se convencerá de lo que ya hemos declarado:

La vida tamborileña parece discurrir en todo momento, entre “sebo” y “sebería”.

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