Editorial

Es tiempo de repensar la formación de los formadores

Los distintos sectores sociales del mundo y del ámbito local presentan y debaten propuestas para mejorar la calidad de la educación, que es el foco principal de los análisis y de las alternativas que se comparten. Desde marzo del año en curso hasta el día de hoy, se multiplican las proposiciones sobre lo que se ha de hacer para que la educación a nivel mundial responda con eficacia y eficiencia a los requerimientos de la pandemia. La educación dominicana, a pesar de las reformas y contrarreformas, todavía se mantiene en un nivel bajo con respecto a los esfuerzos desplegado en las últimas décadas;  y, además, en relación con los países de la región, en la que se destacan Costa Rica, Uruguay y Cuba. Estamos conscientes de que aún los países señalados como punteros en educación, confrontan dificultades que afectan los propósitos que se han formulado para ofertarle a la población, mucho más y mejor educación.

En la República Dominicana, el pensamiento crítico de la ciudadanía se está desarrollando con gran celeridad. Esto provoca una participación mayor de voces plurales que les demandan al Ministerio de Educación del país y al Ministerio de Educación Superior, Ciencia y Tecnología pasos de avances en lo concerniente a revisión curricular en el ámbito preuniversitario, análisis y adecuación del sistema de educación superior. A esto hemos de añadirle la necesidad de repensar la formación de formadores y de estudiar sentidos, énfasis y procedimientos que están aplicando las instituciones formadoras de formadores. Es necesario que se produzca una articulación entre las necesidades de la sociedad y las necesidades específicas de los docentes para el ejercicio de su tarea profesional y para la construcción participativa de los procesos de formación de formadores. La nueva época que vivimos nos urge a un esfuerzo más creativo para superar la racionalidad instrumental de prácticas que dejan a los docentes en el vacío, aunque sí con bastante información. La capacidad de los sujetos de la formación se reduce para dar un salto cualitativo ante esquemas predeterminados; se anquilosa y se les hace difícil responder a los reclamos de los nuevos momentos socioeducativos.

Los aspectos que hay que repensar son diversos, pero nos atrevemos a priorizar los siguientes:

-Sentidos y enfoques de la formación de formadores en los momentos actuales. Este ámbito requiere reflexión y pensamiento situado. Han de reconstruirse las razones y las perspectivas que le confieren validez a esta formación; y ha de realizarse el proceso de reconstrucción con los que van a ser sujetos de los procesos de formación. Los formadores están cansados de ser agentes pasivos. Están interesados en aportar desde su propia realidad y de los estudiantes con los que trabajan. Es necesario ponerle atención al porqué y al para qué de esta formación con una mirada holística. La reconstrucción de los sentidos tiene que contribuir al logro de una perspectiva de integralidad en la que interesan, también, las dimensiones básicas de la persona del docente formador.

-El contenido de los procesos de formación de formadores requiere actualización. Participamos de un mundo que necesariamente ha de interrelacionar la reflexión teórica con la flexibilidad y la movilidad de las tecnologías de la información y de la comunicación. Este contenido  ha de responder a lo que el contexto educativo y social precisa hoy. No se puede funcionar con lo que da respuesta para ayer. Hablamos de un contenido flexible con un fundamento científico que permita a los formadores aportar nuevas explicaciones y soluciones a los problemas de la educación y de la sociedad. Urge buscar un equilibrio entre el peso conceptual,  la debilidad del arte y la reducida libertad del formador para vincular la práctica educativa con la realidad, al tiempo que se abre a la innovación.

-La democratización de la formación de formadores es una necesidad. Los especialistas no deben desaparecer; son importantes, pero no pueden sustituir la voz, la experiencia y las necesidades concretas de los sujetos de la formación. Es un imperativo que estas personas participen activamente y con libertad en la revisión, reestructuración, seguimiento y  evaluación de las propuestas de formación de formadores que se formulen. Estos docentes tienen que espabilarse para que no se les infantilice en los procesos formativos. Han de preguntarse a sí mismos por qué asumen con tanta indiferencia este rol tan valioso. La participación es un derecho fundamental. Ejercer este derecho no es optativo, es una responsabilidad.

Finalmente, considero que los procedimientos también requieren ajustes para que faciliten procesos formativos fundamentados, creativos y contextualizados. Las mejoras han de hacerse teniendo en cuenta los aportes de las tecnologías de la información y de la comunicación sin sacralizarlas. Se requiere un trabajo arduo para pensar y elaborar las didácticas de la educación virtual en las diferentes disciplinas. Se requieren procedimientos que activen la razón, fortalezcan los lazos humanizantes y movilicen el compromiso más allá de la tarea formativa

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