Editorial

¿Espacio para la confusión?

Editorial  Hoy

Es real la posibilidad de que muchos electores, constreñidos por el interés de salir pronto del sufragio, no alcancen a hacerlo de acuerdo con su conciencia o que rayen boletas con yerros que las anulen. El entendimiento humano llegará este febrero al acto de votar ante el desafío de una policromía que incluye la repetición poco diferenciadora entre opciones y colores. Que una persona -de las que abundan- responda confusamente y con torpeza en ese momento de carga emocional no podría sorprender, sobre todo si presionada por la circunstancia pasa por alto otros detalles gráficos que ayudan a identificar candidaturas. El encuadre visualmente riesgoso no puede ser atribuido, un tanto a la ligera, a intenciones de favorecer determinados intereses. Por el contrario: sigue resaltante la confianza de amplios sectores nacionales en la independencia y competencia de quienes fijan curso al proceso electoral.

En marcha contra el reloj, y en común esfuerzo y alianza entre las partes y el organizador, debe lograrse la máxima conexión de ciudadanos con el perfile de boletas, algo previsto que convendría multiplicar en este final. En la era de la data y el video, una profusión de imágenes por pantallas grandes, medianas y pequeñas; impresos agrandados y coloridos puestos a circular por muchos sitios, con los partidos políticos influyendo en sus seguidores, crecería la comprensión de la gente.

Prohibido bajar la guardia

Sacuden en el ahora a la sociedad: la mortalidad por accidentes de tránsito, el desparpajo segador de vidas por machistas y la incursión de asaltantes urbanos. El acto de autoridad de envíar más tropas a las calles se corresponde con estados de inseguridad. La letanía primordial en el coloquio hogareño incluye, como salidas de un manual de supervivencia, intensas recomendaciones de cuidarse en las calles. Cada quien aspira a que hijos y relacionados estén claramente avisados de peligros.

La percepción no puede ser otra, señores ministros, pues está construida con hechos que colocan en déficit las acciones y políticas oficiales contra la violencia social, el desorden de tránsito y la marginación que encuadra a jóvenes y adultos en caminos delictivos en los que hacen poco caso a los riesgos de caer presos y ser condenados.

 

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