Opinión

¿Esta la Iglesia en Pascua o sigue Sabado Santo?

Fausto García

“Siempre tengo algo por hacer, pues no tener nada que hacer, es algo por hacer¨. (Fausto García).

El día 5 de abril del 2020 celebramos en el culto católico el Domingo de Ramos, dando así inicio a la Semana Santa, que abarcó del 6 al 11.  El 12 sería y fue el Domingo de Pascua. En el mundo entero fue una Semana Santa inédita e irrepetible en la historia no solo de la Iglesia, sino de la humanidad, pues un bicho raro, llamado Covid-19, desde finales del 2019 empezó a poner el mundo con las “patas arriba” y prácticamente lo ha logrado, pues su presencia y expansión alcanzó el globo terráqueo, convirtiéndose en una pandemia intercontinental, que tiene a los gobiernos, los científicos y al sector salud completo, involucrados en su conocimiento, seguimiento, tratamiento, estudios y debates científicos, ya que el mismo llegó y llegó para quedarse, y todo apunta, que diezmará la población y desplomará varias economías, aumentando así los niveles de pobrezas, e imponiendo nuevos estilos de vidas, que implicarán cambios sustanciales en lo social, político, económico, ecológico, y en fin, en todos los sectores.

Uno de los debates que se libra a nivel mundial hace un buen tiempo y más en los actuales momentos, es lo relativo a las cuarentenas de la población, como forma de controlar la propagación del famoso virus, y la apertura de ciertos sectores del comercio y las empresas, a fin de evitar que colapsen las economías, y tengamos más muertos por hambre que por el virus.  Las argumentaciones en pro y en contra, están ahí, y de paso ya algunos países se han decidido por ciertas aperturas, mientras otros, endurecen los controles. 

Como es sabido, el Covid-19 afectó, al menos en sus consecuencias indirectas primarias, a todos los sectores, incluida la Iglesia, la cual se vio precisada a cerrar sus puertas, por distintas razones, incluidas, las de ir con las recomendaciones de los gobiernos y el mismo sector salud.  Lo que el mundo ha vivido en esta área, es de conocimiento de todos, y de padecimiento de muchos, como los cristianos católicos que nos hemos vistos privados de participar en las misas por un tiempo que sobrepasa ya los tres meses, en varios países.  En el caso nuestro, R. D., unos dos meses, y desde entonces, nos venimos conformando con lo que nos llega vía digital.

En Italia, el Papa acaba de anunciar el reinicio de las misas en determinados lugares y ha propuesto y establecido ciertas líneas de acciones pastorales, incluidas que los cardenales donen uno de sus sueldos a favor de la lucha contra el citado mal.  En los distintos aspectos, sé que es complejo el manejo de la situación creada por la pandemia, sobre todo, porque el virus no tiene un patrón, y los mismo agarra unos cuantos y lo estropea, a otros los zarandea simplemente, a otros los empuja, a otros los tumba y acuesta y no deja que se paren más, y, en fin, a otros se les monta de bola (aventón), va con ellos, pero ellos no lo saben, y van por ahí regándolo como el polen de las flores en esta bendita pero contradictoria primavera.

No obstante, a pesar de su complejidad, no podemos quedarnos de brazos cruzados, debemos armarnos de valor, tenemos que pensar, tomar decisiones y actuar.  De los que piensan, deciden y toman decisiones, están llenos los hospitales, las cárceles y los cementerios, pero también los altares y los salones de las famas. Es hora de la lucha, es hora del combate, del esfuerzo, de las ideas claras, positivas y optimistas, para enfrentar esta calamidad, con la cual, por lo que veo, tendremos que acostumbrarnos a vivir con ella.  Viendo el caso nuestro y siendo un puñado de gentes, (10-12 millones), con una economía informal en más de un 60 por ciento, que hoy justamente agarra a ese sector, en su día, -del trabajo- en estas circunstancias, entiendo que el gobierno debe reabrir algunos sectores, tales como el de la construcción, para citar un caso, observando los protocolos y medidas de lugar. Estos podrían operar, las ferreterías, por ejemplo, en el horario de las farmacias y los sitios de ventas de alimentos.

En el caso de la idea que ocupa la atención principal de esta reflexión, entiendo que la Conferencia del Episcopado Dominicano debe reunirse de urgencia y evaluar la reapertura de la Iglesia, para que se empiecen a celebrar las misas, al menos dos veces a la semana, del mismo modo, observando los protocolos y medidas de lugar.  La gente va a las farmacias, supermercados y bancos y hace su fila para tales servicios, dándose casos en que ciertos usuarios (de bancos, por ejemplo) se han pasados 3-4 horas de pie, para lograr un servicio.  Recuerdo al padre Dubert, (q.e.p.d.) que celebraba una misa hasta en ½ hora. En el caso de las iglesias nuestras, las mayorías tienen y reúnen condiciones (plantas físicas) para tales celebraciones, incluyendo, si fuere necesario, quedarse parte de los feligreses en los pasillos, en los pórticos y hasta en los patios, para guardar distancias, pero participar y celebrar en la eucaristía, el mayor de nuestros sacramentos, y sin el cual, nuestros templos materiales, no dejaran de ser más que barrilla y cemento que a nadie o muy pocos, les importa.  Esto de que importan muy pocos, justamente se ve en que, en la mayoría de nuestros templos, sus jardines están abandonados y pareciera que estamos en guerra, y peor, que esos templos, es lo que menos le importan a la gente.  Me ofrezco hacerme cargo del jardín de mi parroquia mientras dure la pandemia, sin salario. 

¿Y si no nos importan los templos físicos y no nos importa que se celebren o no las misas, ni tampoco el tiempo que duren cerrados, hasta dónde podemos decir que somos cristianos, que rezamos el Credo en todas las misas y no somos capaces de pedir a nuestros obispos que reabran las iglesias, pero en cambio, acudimos en masas detrás de un famoso peregrino, que como dicen los psiquiatras, tiene la cabeza desamueblada?

Los jóvenes, con la pastoral juvenil a la cabeza, los boys scouts y los grupos de servicios de la Iglesia, son más que suficientes para ayudar en el cumplimiento del protocolo y que se celebren al menos dos misas en la semana, sin que falte el domingo, naturalmente, que bien pueden ser a las 8 o 9 de la mañana. Esta inercia espiritual en la que estamos sumergidos, me lleva a preguntarme si ¿ESTA LA IGLESIA EN PASCUA O SIGUE EN SABADO SANTO?  Tomo de la revista Rayo de luz, mes de abril, el párrafo siguiente: “Durante el Sábado Santo, la Iglesia permanece junto al sepulcro del Señor, meditando su pasión y muerte y aquel “descenso a los infiernos” –al lugar de los muertos- que confesamos en el Credo y que prolonga la humillación de la cruz, manifestando el realismo de la muerte de Jesús, cuya alma conoció en verdad la separación del cuerpo y se unió a las restantes almas de los justos. …Hoy no se celebra el sacrificio de la Misa ni se recibe la comunión…El altar permanece por todo ello desnudo hasta que, después de la solemne Vigilia o expectación nocturna de la resurrección, se inauguren los gozos de la Pascua, cuya exuberancia inundara los cincuenta días pascuales”. Señores obispos, a abrir las iglesias.  En los países pobres como el nuestro tendremos Covid-19 por allá todavía en diciembre y de vacunas ni hablar.  Tenemos que adaptarnos a esa realidad, y vivir y lidiar con ella, observando las medidas recomendadas.  Ojalá lo entienda el gobierno, que parecería, que, como Maquiavelo, aprovecha o justifica los medios, para lograr un fin, que todos sabemos espera tener, con un penco que no relincha muy bien. (faustogarcia2003@yahoo.com).

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