Opinión

¿Existe alguna medicina para mejorar la memoria?

Pedro Mendoza

Médicos y psicólogos somos frecuentemente asediados por nuestros pacientes, familiares, amigos y vecinos, con una misma petición: “Doctor, recéteme alguna vitamina, una pastilla o unas buenas inyecciones para la memoria porque a mí se me olvida todo”.  Nos hacen la petición como si todos estuvieran seguros de que la memoria normal o la buena, como a veces se dice, la mala o la poquita memoria que tenga una persona, fuera asunto que depende de alguna vitamina o de alguna proteína, de grasa o de algún reconstituyente energizante.

La  memoria es una de nuestras funciones cognitivas superiores, pues junto con la capacidad de prestar  atención, el pensamiento, planeación, percepción, aprendizaje y procesamiento de las informaciones que recibimos, completa todo nuestro aparato cognitivo. Aunque la palabra “memoria” es uno de los conceptos más difíciles de definir, tengo por costumbre decirles a los estudiantes que se conformen con saber que la “memoria” debe considerarse como un proceso consciente  que surge como resultado de procesos y hechos que transcurrieron previamente y que el sujeto los vive, los cree y los supo como impresiones que tuvo tiempo antes.

 

¿Qué es el olvido?  ¿Qué quiere decir una persona cuando dice que “todo” se le olvida? El olvido no es más que la disipación, el borramiento de la huella o del  recuerdo de una palabra o grupo de frases, de un hecho, de una acción, un aprendizaje, un acontecimiento que teníamos almacenado en nuestra memoria de corto plazo o de largo plazo.

 

No confundir  “olvido” de una cosa, un hecho, de una frase o de una canción o bachata que la recordábamos bastante bien, con la “inhibición” de la memoria. Usted o yo, en cualquier momento de nuestras vidas, podemos sufrir una inhibición momentánea de la memoria, es decir, sufrir un “bloqueo” momentáneo de poder memorizar algo que nos están diciendo, enseñando o mostrando. Nuestro interlocutor podría suponer que no tuvimos la cortesía o la educación de prestarle atención mientras nos explicaba o mostraba  una cosa y que por eso la olvidamos. Sin embargo, no fue que olvidamos lo dicho o mostrado, sino que nuestro sistema de memoria estaba inhibido en aquel momento, perdió por unos instantes la capacidad para almacenar recuerdos y es como si nunca nos hubiesen dicho o mostrado nada.

 

A medida que envejecemos, vamos perdiendo facultades cognitivas, y dos de esas facultades de suma importancia para nuestra vida cotidiana, social  e intelectiva es la atención-concentración  y la memoria.

 

Hoy sabemos que la porción de nuestro cerebro  donde se localiza la mayor capacidad de  memoria es en nuestra corteza frontal anterior, mayormente en una zona conocida como hipocampo, área que es la más afectada por los depósitos de neurofibrillas y placas formadas por una proteína maligna llamada tau.   Sin embargo, que los recuerdos permanezcan por un largo tiempo almacenados en el hipocampo dependerá del número de conexiones de unos hilillos casi invisibles llamados dendritas que facilitan que el recuerdo de un hecho, un aprendizaje, una frase, un merengue aprendido o algo que hemos visto o leído, pase de una neurona a la otra. Mientras más conexiones haya entre aquellas neuronas, mayor es el tiempo que dura almacenado en nuestra memoria el recuerdo de un hecho. ¡Y vaya paradoja de la vida! Hasta hoy, todo apunta a que los olvidos no tienen un punto o zona especifica en nuestra corteza cerebral. Parece que olvidamos con el cerebro “enterito y verdadero”.

 

La capacidad de atención o de alerta de una persona depende de una sustancia neurotransmisora (es como si fuera una hormonal) llamada Acetilcolina, pero el proceso de atención superior, es decir, de la máxima cantidad de atención que presta una persona a una tarea que así lo demanda, depende de otro neurotransmisor llamado Dopamina.

 

En la demencia senil, en el olvido normal por envejecimiento y en la enfermedad de Alzheimer, el neurotransmisor deficitario es la Acetilcolina, aunque mayor en esta ultima enfermedad. Desgraciadamente, por más Acetilcolina que le administremos al viejo senil, al que tiene olvidos propios de los más de 60 años de edad  que tiene y al que padece Alzheimer, ellos no mejoran la memoria. Cerca del 80% de los pacientes que sufren depresión, tienen como síntoma trastorno de la memoria que luego al recuperarse también recuperan su capacidad de memoria en un 80 a 85%. Después de los 65 años, olvidamos más, tenemos menos capacidad de atención y concentración, de compresión y mayor dificultad para procesar rápidamente nuevas informaciones.

 

Ojalá los problemas de memoria de millones de personas fueran resultados de una falta de vitamina o de una proteína, pues bastaría con que le repusiéramos lo que les falta, pero no es así. Con la edad, memoria y la atención disminuyen, pero si logramos con ejercicios mejorar nuestra capacidad de atención, también logramos mejorar en casi un 20%  la memoria. Inténtelo a partir de hoy y verá el resultado.

 

El autor es Terapeuta familiar

Centro Médico Cibao-Utesa

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