Editorial

Expectativas por coronavirus

Cobran altura las cifras que indican una difusión acelerada de la virulenta infección surgida en China para sorpresa de una humanidad que todavía hoy, en sus vanguardias científicas, carece de certezas para combatirla. Es a partir de este momento que la República Dominicana tiene que enfocarse más en previsiones al arribo del coronavirus y sus eventuales contagios locales. Una dramática recomendación de la Organización Mundial de la Salud señala el camino obligado: que los países se preparen para una posible pandemia.

Crear un estado formal de alerta máxima. Sin pánico, pero con la guardia en alto, lo que ha faltado, a pesar de la gravedad de las señales. Adoptar estrategias al unísono con otras naciones y entidades internacionales, existiendo en los hechos pocas acciones de comprobada eficacia excepto que en China la drasticidad de cuarenta inmovilizadoras de habitantes parece atenuar la aparición de nuevos casos. Además de los índices de preocupante mortalidad de este virus, las repercusiones sobre la producción y el comercio tienen en vilo a naciones de diferentes latitudes. República Dominicana debe acogerse al impacto mundial de alarma. Descuidarse sería peor que caer en pánico. En círculos profesionales de la medicina existe preocupación por las condiciones presentes en este medio para manejar emergencias relacionadas con el coronavirus. Despertar para actuar en consecuencia.

Además de cacerolazos…

El sentimiento de firme rechazo a las causas del fracaso electoral de octubre trasciende los ruidosos golpes sobre ollas y las oleadas ciudadanas, locales y del exterior, hacia plazas y avenidas en Santo Domingo, Estados Unidos y Europa. La preocupación por la democracia sobrepasa a las entidades políticas llamadas a permanecer como espectadoras y en sus asuntos como parte del problema por acción u omisión.

Por toda la prensa, 97 asociaciones de toda índole y gran representatividad elevaron su voz de pesar y alarma para reclamar a la suma de los liderazgos partidarios garantizar la plena democracia sin que los responsables del colapso escapen al peso de la ley. Los anticuerpos de la sociedad se han activado, y ojalá que sea para siempre, contra las malas formas de hacer política y las incompetencias orgánicas.

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