Opinión

“Finanzas: 5 errores comunes entre los jóvenes” (3 de 3)

Fausto García

La vida y sus cosas son de forma y de fondo.  Lamentablemente, hay quienes pierden el fondo, por estar guardando “las formas”. (Fausto García).

Para uno de esos viajes renté un vehículo, con el cual un amigo decidió salir a dar una vuelta sin mi consentimiento y terminó teniendo un accidente por lo que tuve que asumir todos los gastos incurridos. Terminé con deudas en las dos tarjetas. Al no querer perder estado crediticio y también terminar de pagar los gastos de la reparación del vehículo decidí tomarle dinero a un usurero lo cual hizo que la deuda aumentara, destinando el 80% de mi sueldo a las deudas.

Luego de pasar varios meses tratando de salir de las deudas y pagando el mínimo de las tarjetas  como también solo los intereses a dos de tres usureros a los cuales les debo, me analicé y me di cuenta de que en verdad no estaba aliviando mi economía ya que calculando todo lo que pagué en los últimos tres meses, con lo que debo aun, -todo el capital- no es tanta la diferencia,  y muy ciegamente y por tratar de quedarle bien a los usureros me acostumbré a pagar los intereses solamente.

Simplemente en busca de no quedarme sin nada para la quincena ya que en estos meses me he visto hasta faltando 11 día para la quincena y yo sin dinero para alimentarme y he tenido que acudir a tomar mi desayuno y almuerzo fiado. Ahora estoy en una situación que ni la alimentación es suficiente ya que trato de rendir lo poco que puedo sacar de mi sueldo para pasar la quincena y a esa porción le trato de sacar la mayor cantidad de días para no verme como en muchas de las ocasiones en la que tuve que pasar días sin comer por no poder sacar 100 pesos de mi bolsillo porque después sabía que me harían falta.  Por lo que en estos momentos estoy pasando las mil y una como dice un dicho popular”.

Así termina parte de la historia de estos dos jóvenes. De Tino se que todos aplaudimos, pero de Timo, se que todos bajamos la cabeza, no porque tal vez hayamos pasado por esa realidad, pues los mayorcitos somos de otra generación, y vivíamos otros tiempos, sino porque en ese espejo hemos visto muchos jóvenes conocidos nuestros y entre los cuales, muy posiblemente, pueden estar muchos de nuestros hijos arrastrados hoy por una presión social que no tiene limites y que cada vez arrecia con mayor fuerza, presentándole a los jóvenes mundos de espejismo, fantasiosos y paradisiacos, y diciéndoles no solamente que les pertenecen, sino que los esperan con ansias, y que si ellos no caminan hacia allá, son bobos, tontos, pendejos, enchapados a la antigua, que no están en la onda, ect. Ejemplo reciente y lamentable, de esa presión, fue el caso de los 5 jóvenes de San Francisco de Macorís, que murieron en un accidente que consternó a la sociedad dominicana, y a todos los que somos padres.

Dice una expresión popular que una mentira dicha muchas veces se convierte o llega a ser verdad, y con esto de la presión social, ocurre algo sino igual, parecido.  Hay toda una trama montada para decirle al hombre de hoy, que esos mundos estrellados que le venden le pertenecen, y que, por tanto, su accionar, su actuar, su obrar, su trabajar, su dormir, su todo, debe estar orientado al placer, a la concupiscencia, a vivir la vida, que en el fondo es, según esos falsos mensajes, comer, beber, vestir bien, tener autos y tecnologías de punta, y en fin, que hay que vivir la vida loca.

Para mí, espero para ustedes también, y ojalá lo sea para los jóvenes, cuanto valor tienen entonces en estos tiempos, las palabras de Jesús, el gran maestro, para terminar esta reflexión, y que nos la relata el Evangelio de S. Lucas, 12, 15-21. “Después dijo a la gente: «Eviten con gran cuidado toda clase de codicia, porque, aunque uno lo tenga todo, no son sus posesiones las que le dan vida.»  A continuación, les propuso este ejemplo: «Había un hombre rico, al que sus campos le habían producido mucho. Pensaba: ¿Qué voy a hacer? No tengo dónde guardar mis cosechas. Y se dijo: Haré lo siguiente: echaré abajo mis graneros y construiré otros más grandes; allí amontonaré todo mi trigo, todas mis reservas. Entonces yo conmigo hablaré: Alma mía, tienes aquí muchas cosas guardadas para muchos años; descansa, come, bebe, pásalo bien.» Pero Dios le dijo: “¡Pobre loco! Esta misma noche te reclaman tu alma. ¿Quién se quedará con lo que has preparado?”

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