Opinión

“Finanzas: 5 errores comunes entre los jóvenes”

Fausto García

La vida y sus cosas son de forma y de fondo.  Lamentablemente, hay quienes pierden el fondo, por estar guardando “las formas”. (Fausto García).

Dice un adagio popular que “la experiencia la dan los años” y creo que es bastante certero, pues a edades tempranas, de adolescencia y juventud hay pocas vivencias, y, por ende, pocas experiencias. Y cuando esta no se tiene, la tendencia a cometer errores es mayor. De paso, son épocas en que viene como anillo al dedo la canción aquella famosa, cantada, no se si es su autor, por el mexicano José Luis Rodríguez (El Puma) y titulada Tengo derecho a ser feliz”, cuya primera estrofa dice justamente: Quién no ha dado nunca un solo paso en falso/ Y ha sentido ganas de volver atrás/ Quién no ha estado al borde de un abismo blanco/ A punto de saltar.

En mi caso, ayer que no la tuve, porque tal vez no la viví a sus anchas,  -hablo de la juventud- o que la tuve y no me di cuenta porque aun la tengo, he entendido desde que vislumbré la dimensión espiritual de mi vida, que ciertamente tengo derecho a ser feliz, por lo que he vivido desde los inicios de la tercera década de mis años, con esa perspectiva, tanto así, que he dicho y reitero, soy un hombre feliz, tanto, que podría subir al tope del Monumento a los Héroes de la Restauración, en la ciudad de Santiago de los Caballeros, para gritarlo a todo pulmón, y creo que me faltaría espacio.

Soy un hombre feliz, con o sin jactancia, y tan solo porque tengo a Dios en mi corazón, entendiendo este en el sentido correcto, de la mente.  Todo esto no significa que yo no haya dado un solo paso en falso, pues, a decir verdad, muchos he dado, a pesar de las experiencias acumuladas, pues los errores, como la enfermedad y la muerte, no tienen edad.  A propósito, estoy a las ordenes de cualquier joven que necesite orientación en el tema de la fe y de las finanzas.

 

De paso, hoy y viendo los tiempos que vivimos, que no son las épocas de los años mozos de nosotros, y contemplando justamente los nuevos horizontes en que se desenvuelven los jóvenes de este milenio, contando con el mundo tecnológico en que nacieron y que les ha tocado vivir, la propensión al error es mayor por múltiples factores. Los aspectos o las áreas en que ellos cometen los desafueros son varios, y de todos, uno significativo, es el financiero.  ¡Cuantos errores comete nuestra juventud en este renglón!  A mi me ha tocado, y por eso me atrevo a decirlo, lidiar con los casos de varios jóvenes, y hablando con algunos de ellos, prácticamente todos con los que se codean, andan en iguales o peores pasos. No olvidemos que somos un país pobre, con un alto índice de analfabetismo real, y donde el nivel de educación de la población es muy bajo, tanto así, que los llamados a formar, los maestros, cuando van a concursos o certámenes de evaluaciones, se “queman” como dicen los muchachos del patio, en su gran mayoría. Hablar entonces de educación financiera básica, es, por tanto, lo que ustedes saben.

 

Pero bien, hablando de errores financieros, me encontré como tema con el titulo que encabeza estas líneas, y que es de la autoría del economista Alejando Fernandez, o de su medio (https://www.argentarium.com/educate/48507-5-errores-comunes-entre-los-jovenes).  A decir del experto que trata el tema, los cinco errores comunes entre los jóvenes al administrar su dinero son: 1.- no tener fondos de emergencia; 2,- acumular deudas en las tarjetas de crédito; 3.- dejar que las deudas corrientes (dependen del ingreso) vayan creciendo; 4.- decidir comprar un automóvil o una vivienda, pues en los primeros años eso no es tan correcto, hay que valorar los niveles de liquidez; y 5.- ceder a la presión social, comprar cosas que maltratan la vida financiera.

 

Aunque aparecen muchos jóvenes atrapados en uno o varios de esos errores, naturalmente que no son todos, pero repito, si hay muchos.  Esto significa que hay muchos también, -habrá que ver cuáles son más-, que son buenos o coherentes y que se manejan con muchos aciertos, aunque no están libres de culpa. Tal vez, para comprender mejor el tema, conviene relatar dos historias, en un sentido y otro, lo que al efecto hago, y que responden a la realidad de la vivencia de dos jóvenes.

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