Editorial

Francisco y su mensaje profético

El papa Francisco ha usado de nuevo su poderosa voz para abogar por un mundo más justo y menos desigual.

Como líder coherente, el papa Francisco ha sido persistente en su rechazo al nacionalismo extremo, a la xenofobia y al odio y maltrato a los migrantes.

Su más reciente clamor profético está destinado a denunciar y condenar  las desigualdades que sufre una proporción importante de la población mundial respecto a los servicios de salud y el acceso a las vacunas contra COVID-19.

«Recibir un tratamiento adecuado sigue siendo un lujo», expresó el líder católico.

¿Hemos dado la mano a quien ha necesitado de nosotros?

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En su mensaje el Sumo Pontífice dijo que piensa en los habitantes de las zonas más pobres del planeta, donde a veces hay que recorrer largas distancias para encontrar centros de asistencia sanitaria que, a pesar de contar con recursos limitados, ofrecen todo lo que tienen a su disposición.

Y el papa Francisco sabe de lo que habla, pues es latinoamericano, y en su natal Argentina abrazó la causa del servicio a quienes más necesitan.

«Todavía queda mucho camino por recorrer para garantizar a todas las personas enfermas, principalmente en los lugares y en las situaciones de mayor pobreza y exclusión».

El mundo, y la República Dominicana no es una excepción, asiste a la quinta ola de contagios de COVID-19, cuando todavía hay países y regiones enteras que no han podido comprar las vacunas ni cuentan con servicios de salud suficientes para atender las necesidades de sus pueblos.

El comportamiento de grandes potencias ha sido egoísta. La República Dominicana lo sufrió en carne propia cuando vio esfumarse las promesas e incumplidos los primeros contratos para la adquisición de vacunas. Por suerte, nuestras autoridades fueron diligentes y buscaron a otros suplidores, que sí cumplieron con responsabilidad.

Para también el ser humano ha mostrado su parte peor en esta crisis. Es oportuno el momento para reflexionar. ¿Hemos sido, como personas, como seres humanos, lo suficientemente solidarios en esta crisis de salud que sufre la humanidad? ¿Hemos dado la mano a quien ha necesitado de nosotros?

Las palabras de Francisco quizás nos desafían a llevar a cabo una instrospección, una meditación profunda.  Y es probable que nos haga bien.

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