Opinión

Frente a la partida del Licdo. Carvajal Martínez

Por: Rafael A. Escotto

Luego de una amena y amistosa conversación sobre temas de actualidad política, como era habitual entre viejos amigos contemporáneos, nos enteramos de manera súbita el día viernes treinta y uno de mayo del año 2024 sobre la muerte del muy distinguido y conocido abogado santiagués y amigo de infancia nuestra, Rafael Antonio Carvajal Martínez, Licenciado en derecho y propietario de la Oficina de abogados y Notaria, Carvajal Martínez & Asociados, quien fuera, en una época reciente, diputado al Congreso de la República por el Partido Revolucionario Dominicano (PRD).

Hacemos constar en este trabajo que el Licenciado Carvajal Martínez fue presidente del PRD en Santiago de los Caballeros y fue conocido y apreciado por ser un dirigente connotado de esa organización política en este Distrito Electoral. No obstante, al momento de su fallecimiento no estaba activo en política.

Aquel día jueves dieciséis de mayo de 2024, a eso del mediodía, vimos llegar a Carvajal Martínez al colmado La Zurza, de la calle cuatro, propiedad de doña Gloria y de El Rubio, en la urbanización del mismo nombre donde vivió el finado por muchos años, con una sonrisa a flor de labios, como si se tratara de alguien que acababa de descubrir la fuente de la juventud, el símbolo de la inmortalidad y de la longevidad que devuelve la juventud y la virilidad psicológica a muchos hombres, lo cual viene siendo una creencia del individuo de su propio yo en una sociedad cualquiera.

Entre bromas y en serio departimos con el viejo amigo Carvajal Martínez, como era nuestra costumbre en otro tiempo. Le vimos aquel día sumamente animado y con un humor resplandeciente, inclusive brotaban de sus labios hermosas ocurrencias sobre la masculinidad artificiosa en algunos hombres y sobre la magia de la ciencia médica moderna.

El Licenciado Carvajal Martínez fue en vida un hombre moderado al hablar, pero aquel día nos pareció un hombre distinto, sobre todo oírle hablar sobre cosas tan infrecuentes como la coherencia, el despertar de la consciencia, de los sueños del alma, del propósito de la vida y de cómo amarte a ti mismo.

Sus expresiones tan entusiastas me llevaron en vuelo libre a unos versos del poeta costarricense Jorge Debravo, del cual extraigo, a propósito de aquel encuentro lleno de contento con el amigo Carvajal, a este fragmento: «Soy hombre, he nacido/tengo piel y esperanza/yo exijo, por tanto/que me dejen usarla/No soy Dios: soy un hombre».

Al conocerse la infausta noticia en el colmado La Zurza se produjo un silencio de ronca voz, de dolor que no canta entre los parroquianos. Para muchos de los distinguidos contertulios del colmado La Zurza, entre los cuales se cuenta el doctor Piero Espinal Estévez,  Rafael –Latín-Lozada, don Rafael –Fello-Cruz, el suceso del fallecimiento de Carvajal Martínez nos afligió a todos grandemente.

Carvajal Martínez parecía sentirse aquel día un hombre joven. A esa joya de juventud espiritual que se veía brotar de su rostro se me ocurre consignar aquí un trozo de un poema de Rubén Darío, que dice así: «Juventud, divino tesoro/¡ya te vas para no volver!»

Despido a este amigo con un ¡adiós!: «Adiós, mi amigo, te deseo lo mejor, espero que encuentres todo lo que buscas, y que nunca olvides que aquí estaremos siempre recordando tu partida, tan inesperada y tan efímera».

Paz a su alma

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