Opinión

Frente a la tragedia de San Cristóbal

Por: Rafael A. Escotto 

Frente a la tragedia de San Cristóbal cabe que nos refugiemos en el libro de los Salmos y encontremos resignación en la palabra de Dios, porque es él nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones.

 Recordemos que en este momento de gran aflicción y de inmenso dolor la fe es fundamental. «Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de los que no se ve» (Hebreos 11:1). Jesús es la fuente de la fe. La fe es confiar en Dios todo el tiempo. 

Sabemos que el pueblo de San Cristóbal está débil por la tragedia que está viviendo en estos instantes, aun así, la fe débil dijo Marcos el autor del evangelio que lleva su nombre— puede llegar a ser fuerte con la ayuda de Dios.

 No hay que dudar que el hombre y la mujer de San Cristóbal sean fuertes como un león y su corazón luce firme, confiado en el Señor que los sacará de esta terrible y penosa situación. Por tanto, no es momento ni hay espacio para que desfallezcamos, «aunque nuestro hombre exterior va decayendo, sin embargo, nuestro hombre interior se renueva de día en día», como aparece en Corintios, capítulo 4, versículo 16. Sepan ustedes que el pueblo dominicano está en oración, lleno del Espíritu Santo, confiado en el Señor. 

Lo más que necesita el pueblo de San Cristóbal es aliento frente a esta tragedia y a apoyar las acciones del Gobierno en cuanto a recibir reforzamiento espiritual y sanación psicológica para que puedan resistir el peso de la angustia que cautiva su alma luego de la catástrofe. Invito, pues, al pueblo de San Cristóbal a que piensen en la palabra del rey David: «La salvación de los justos viene del Señor; él es su fortaleza en tiempos de angustia». 

De este Santiago apostólico, desde donde escribo, le suplico al pueblo cristiano de San Cristóbal a confiar que Dios es la fortaleza de nuestras vidas. Le exhorto, en esta hora de duelo, a que ponga su fuerza y su poder en manos del Altísimo.

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