Editorial

Funcionarios que funcionen

El país necesita una sacudida en sus mecanismos judiciales y de control y supervisión de las funciones de Estado y el sector privado contra actos ilícitos, sean deliberados o por incompetencia y negligencias punibles. Con frecuencia la ilicitud que lesiona patrimonios de la nación está incentivada por el vacío de consecuencias.

República Dominicana está fichada entre las menos persecutoras de la corrupción con historial de procesos inconclusos e empunidades que en las encuestas reflejan una ascendente preocupación colectiva por la descomposición. Una corriente de opinión que influyó seguramente en los resultados de las últimas elecciones.

Más de un escándalo anual por la pasividad de órganos que deben velar por el pulcro manejo de recursos procediendo ante denuncias e indicios de enriquecimientos y complicidades para la ilegalidad. Barones del narcotráfico contra los que se procede después de largas carreras delictivas que solo son posibles con apañamientos de miembros sobornables de la autoridad. Un récord continental aquí de capos que lograron dotarse de credenciales oficiales por «orden superior».

Han faltado coraje y dignidad para contrarrestar concertaciones criminosas, excarcelaciones y fugas compradas a agentes de la ley a diferentes niveles mientras fallan las funciones fiscalizadoras de las superioridades y desde el Congreso, la Contraloría y la Cámara de Cuentas.

Omisiones inexcusables

Hiere la sensibilidad de la nación saber de crueles impuntualidades en el pago de salarios e incentivos a los profesionales, auxiliares y personal conexo que están en la primera línea de fuego en la lucha contra el coronavirus, sometidos a jornadas extenuantes, sobrecargados de trabajo con poca protección.

Formando cuadrillas que han debido ser reforzadas desde mucho antes. Sufriendo bajas dolorosas en sus filas por contagios y efectos mortales.

Vale relacionar el alto índice de defunciones con la desmotivación de servidores por fallas gerenciales del sistema y el estrés que conspira contra los servicios asistenciales. Cuando se habla de posibles colapsos de hospitales quedan incluidas las deplorables condiciones físicas y emocionales que podrían estar presentando los recursos humanos que en ellos actúan.

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