Opinión

Goodbye, Mr. Trump

Al 9 de noviembre de 2016 lo designé como el “Día internacional del asco”. La noche anterior me había acostado temprano y antes tuve que tomarme un ansiolítico. En contra de la lógica, las encuestas y los pronósticos, Trump ganó las elecciones en Estados Unidos.

Me preguntarán que tiene que ver ese señor con un dominicano. Todo. Un mundo mejor se construye a partir de un liderazgo político que busca la unidad, no que la dinamita, como ha hecho este presidente, que es un accidente de la historia de nuestros tiempos. La humanidad está ávida de concertación, de diálogo, de buena fe, de líderes equilibrados, no de teatreros de poca monta como es el señor Trump. Pero el señor Trump es un signo de estos tiempos absurdos. De presentador de un reality show pasó a la política y se aprovechó de su popularidad en los medios para adueñarse de la candidatura del partido republicano, que se amedrentó ante la retórica incendiaria del nuevo líder. Fue tal la sumisión y el temor a la ira del nuevo redentor americano que nadie en el partido, excepto John Mckain y Mitt Romney, se atrevía a contradecirlo.

Cuatro años después los temores se han confirmado: no estaba preparado para dirigir una nación que lidera la economía mundial, que tiene intereses en todos los rincones del planeta. Su estilo mafioso de hacer negocios lo llevó a la presidencia de Estados Unidos, al extremo que presionó y condicionó una ayuda militar a Ucrania a que investigaran a Joe Biden y su hijo por unas relaciones de negocios que involucraron al hijo del hoy candidato demócrata.

Hubo pruebas de que cometió delitos que ameritaban su destitución como presidente; pero un acobardado partido republicano lo declaró inocente en una mascarada política que pesará toda la vida en la consciencia de los senadores que lo absolvieron.

Elecciones del 3 de noviembre

A estas alturas de la campaña electoral en 2016 Hilary Clinton aventajaba a Trump por estrecho margen en las encuestas. Sin embargo, una desafortunada intervención del FBI a diez días de las elecciones impulsó la candidatura de Trump. Sin tomar en cuenta la hora crucial que se vivía, el director del FBI de entonces, James Comey, volvió a sacar a luz pública supuestos nuevos hallazgos en torno al afair de los correos electrónicos de la señora Clinton, quien, en vez de dedicarse a cerrar su campaña con propuestas, se vio a la defensiva, recibiendo feroces ataques de parte de la campaña de Trump, quien personalmente afirmaba que ese caso era peor que Watergate y que metería presa a Hilary Clinton.

El día de las elecciones hubo tres estados que resultaron cruciales en la victoria de Trump: Pensilvania, con 20 votos al colegio electoral, Wisconsin, con diez votos al colegio electoral, y Michigan con 16. En total estos tres estados, de manera inesperada, le sumaron cuarenta y seis votos al colegio electoral a Trump. Los ganó por cantidades de votos mínimas. En estos tres estados el partido republicano hacía muchos años que no obtenía una victoria. Al día de hoy, la situación en estos tres estados cruciales para Trump es la siguiente, según el promedio de encuestas de Realclearpolitics: Pensilvania, Biden 6 puntos arriba; Michigan, Biden 8 puntos arriba; Wisconsin, Biden 6 puntos arriba. En la Florida, con 29 votos al colegio electoral, Biden lleva una ligera ventaja, que está dentro del margen de error, y en el promedio nacional de encuestas Biden lleva la delantera por unos 8.5 puntos porcentuales. Trump obtuvo 306 votos en el colegio electoral y Hilary Clinton 232. Como se desprende de estos datos, la situación del señor Trump hoy es mucho más precaria que en 2016. Ya los votantes lo conocen, y su gran baza, la economía, el virus chino, como él llama, despectivamente, al Coronavirus, la hundió. Además, su manejo de la crisis sanitaria ha puesto en evidencia su falta de seriedad, pericia y gerencia. No es un líder, sino un bufón que todo lo toma a broma. Ha demostrado con su paso por el poder su gran talento para manipular, mentir e insultar. Y si en el 2016 muchos de los votantes que habían sufragado por Obama se quedaron en casa, en esta ocasión parece que será distinto. La predicción diaria que publica el diario español EL PAÍS mantiene al candidato demócrata Joe Biden por delante: ganaría las elecciones del próximo 3 de noviembre el 83% de las veces, por un 16% de Donald Trump. Es decir, que el demócrata sería presidente 5 de 6 veces. Esto no significa que Trump esté muerto, pero tiene las velas encendidas.

Indignación, frustración y miedo

Es muy evidente que Trump ha socavado lo más importante que tiene una sociedad: sus instituciones. Ha puesto en duda la seriedad del trabajo de los servicios de inteligencias, de los científicos, del voto por correo; ha usado la justicia para proteger a un grupo de rufianes que delinquieron durante su campaña electoral y algunos después de estar en el gobierno. Ha azuzado a los supremacistas blancos y aupado el racismo dentro de su claque fanatizada. Donald Trump es un déspota en el país equivocado.
El afamado novelista Henry Ford dice que en Estados Unidos hay indignación, frustración y miedo. Y todo lo atribuye a la presencia en la Casa Blanca del señor Trump. Se queja de la siguiente manera: “La covid 19 ha alterado por la fuerza nuestro sentido del tiempo, engendrando un presente largo y sobrecogedor. La arremetida constante de perfidias incomprensibles por parte del poder ejecutivo ha menoscabado nuestro sentido de autodeterminación. Siento al país en el que he pasado los 76 años de mi vida a una distancia extraña y desde donde me encuentro no veo nada claro.

Todo esto está sucediendo a semanas de que se celebren las elecciones más trascendentales de la historia de los Estados Unidos. Desde esta distancia virtual y abrumadora, mi país se parece cada vez más a uno de esos países que pueden caer.
Nunca me había sentido así, ni siquiera durante la guerra de Vietnam, ni siquiera tras los atentados del 11 de septiembre. En otras palabras, en América se respira peligro.
Las democracias pueden caer y lo hacen. Hay que leer a Cicerón”. En verdad, el daño que ha infringido la administración Trump a la sociedad
estadounidense es incalculable. Y lo peor de todo es que las políticas nocivas que instaurado y afianzado se establecen en la psiquis profunda de una gran parte de sus seguidores; y sin importar que Biden resulte electo, los traumas y la división perdurarán por mucho tiempo.

Solo confiamos que esta vez los pronósticos se cumplan y con un buen tinto en la mano la noche del próximo 3 de diciembre podamos decir, Goodbye, Mr. Trump, ha sido un trago de veneno haberlo conocido.

of-am

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