Editorial

Gran momento para municipios

La idea de cambios que dominó la atención en recientes elecciones incluye, seguramente, la aspiración a que los ayuntamientos sean tratados con amplitud de comprensión de sus insuficiencias, las que han tenido como raíz la negación de acceso a la proporción presupuestal que por ley les corresponde.

Aunque por la crisis actual fuera mucho pedir el que se cumpla estrictamente, hacia esa conquista por la mejoría de los servicios, nunca alcanzada, deben darse pasos contundentes. El camino que institucional y democráticamente corresponde es el de ir restaurando la capacidad de los órganos edilicios para cumplir su rol en las diversas comunidades.

Las promesas de hacer las cosas de manera diferente que fascinaron al electorado tienen que materializarse con más vigencia de la autonomía que corresponde a administraciones urbanas, restando efectos negativos que se deben a la centralización avasallante del presidencialismo que disminuye capacidades de decisión y fueros regionales.

Se lamenta que en el “santiagocentrismo” del pasado fin de semana, con amplitud de presencia gubernamental en la Ciudad Corazón, brillara por una ausencia jerárquica el ámbito municipal. Se necesita un nuevo aire desde el poder que incluya respetar fronteras y canalizar la cooperación entre ámbitos estatales.

Que fluyan las facultades jurisdiccionales para que ninguna autoridad siga apabullada por supremacías de Estado.

La reforma de nunca acabar

Por todas partes se expresa la negación: por H o por R, en el país siempre se posterga emprender la búsqueda de soluciones a problemas que no cesan de apremiar como ocurre con los impuestos; no solo porque las recaudaciones son insuficientes.

Se necesita un pacto encaminado a reformar el sistema tributario porque además le falta equidad en perjuicio de sectores económicamente débiles.

Abunda la evasión por fraudes impunes, pero también por ineficiencia y/o obsolescencia recaudadora y nada obliga a mejorar la calidad del gasto.

Se abusa de pretextos para no dar cara al engranaje impositivo de retazos provisionales sin expiración. Si a ver vamos, y a causa de debilidades institucionales y discordias político-sociales, aquí no habría nunca el clima ideal para la modernización fiscal.

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