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Hace cien años: el fin de la ocupación norteamericana en Santiago


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En Santiago, el ayuntamiento organizó un programa especial con motivo de tan fausto acontecimiento. Un toque de diana a las 4:00 a.m. en los cuarteles de la Policía Nacional Dominicana, Policía Municipal y Cuerpo de Bomberos y una alborada por las calles de la ciudad dieron inicio a la fiesta. A las 9:00 a.m. fue cantado un solemne Te Deum en la Iglesia Parroquial Mayor, oficiado por el Pbro. Manuel de Jesús González y todo el clero provincial, al que asistieron el gobernador interino, Mario Fermín Cabral, representantes extranjeros, del Poder Judicial y de los ayuntamientos de la provincia; la alta oficialidad de la Policía Nacional Dominicana, la Policía Municipal y el Cuerpo de Bomberos; autoridades escolares, representantes de la Cámara de Comercio, el Colegio de Abogados y directivos de las sociedades Amantes de la Luz, Alianza Cibaeña, Club Santiago, Centro de Recreo y Club de Damas.

En los salones del Palacio de la Gobernación tuvo efecto un champagne de honor con motivo de la entrega del gobierno civil de la provincia al ciudadano José María Hernández. En el acto hicieron uso de la palabra el gobernador saliente Cabral y el electo, el vicepresidente del ayuntamiento Darío Mañón y el canónigo González en nombre del clero nacional.

Cerca de las 11:30 a.m., una comisión recibió en la Escuela Superior de Señoritas, de manos de la señorita Ercilia Pepín, su directora, la bandera nacional para ser izada en la fortaleza San Luis. Por iniciativa del presidente del ayuntamiento, Virgilio Martínez Reyna se había destinado una suma del Tesoro Comunal para la confección de dicha bandera, confeccionada en piel de seda y raso, con tela comprada en La Villa de Madrid, de J.G. Cerame y Co., y con dimensiones de cuatro metros de largo por dos metros de ancho.

En su realización tomó parte el profesorado de la Escuela Superior de Señoritas, encabezado por su directora e integrado por Concha Castellanos, Fela Santaella, Angélica Pepín de Félix, Juanita Infante, Ana Luisa Alfau viuda Ravelo, Quica Infante, Diana L. Creus, Sara Paulino, Consuelo Malagón, Ana Matilde Sagredo, Flora Castellanos, Minín Castaños, Patria Creus, Elsa Cordero y Chea de Peña. Además, las alumnas del curso pedagógico y las de los cursos primero y segundo del cuarto grado y las socias del Club de Damas: Rosa Mercedes Batlle de Tavares, María Teresa Patxot de Guzmán, María de Asensio, Julia Dolores Vallejo de Patxot, Adela Franco, María Grieser de Tavares, Lissie D. de Padilla, Dolores de Henríquez, Carmita B. de Cocco y Carmita Bonnelly, estas dos última presidente y secretaria, respectivamente, de ese club social.

La bandera fue abierta y trasladada en manos de oficiales del Cuerpo de Bomberos a la Sala Capitular, donde permaneció hasta las 12:40 p.m., hora en que fue trasladada a la fortaleza San Luis. Acompañaban el lienzo patrio el vicepresidente del ayuntamiento, Darío Mañón; el síndico Morales y su secretario Mencía, los regidores Tavárez y Gil, el secretario del ayuntamiento Tulio Pichardo Pichardo, Rosa Batlle de Tavares y María Grieser de Tavares, delegadas del Club de Damas; las profesoras Ercilia Pepín, Fela Santaella, Angélica Pepín de Félix y Sara Hungría; Pedro R. Batista y Pedro María Archambault, representantes de la prensa; la oficialidad del Cuerpo de Bomberos y la Policía Municipal, acompañados de la Banda Municipal de Música.

Ya en la fortaleza y siendo la una de la tarde, fue izada por el segundo teniente de la Policía Nacional Dominicana Antolín Rosa Padilla, mientras un pelotón del mismo cuerpo y otro del U.S.M.C. presentaron armas y rindieron los honores de estilo. El pelotón de la Policía Nacional Dominicana estaba comandado por el capitán P.M. Bastardo V. y los segundos tenientes Manuel González y Antolín Rosa Padilla e integrado por los cabos Dionisio Vallejo, Norberto Castillo, Jacobo Toribio, José Beato y Telésforo Ten, el corneta José Vargas y los rasos Agustín Mustafá, Agustín Abréu, Domingo Rojas, Damián Reyes, Eligio Disla, Emilio Guzmán, Felipe Sierra, Federico Martínez, Juan Bautista Ramos, José Rodríguez, José Castro, Juan Méndez, Gerardo Núñez, Manuel Cáceres, Manuel Chicón, Miguel Cabrera, Manuel A. y Miguel Espinal, Sergio Rivas, Raúl Betancourt, Saturnino Abréu, Toribio Cabrera, Tomás F. Gutiérrez, Virginio Peralta, Rafael  Estrella, Ramón F. Vásquez, Ramón Pichardo y Vicente Bobea.

“La subida de la bandera nacional en la Fortaleza San Luis -se escribió en El Diario en su edición del 14 de julio de 1924- fue tal vez el acto más imponente. A pesar de que se anunció un acto puramente oficial y de que se efectuó bajo la rigidez del ardiente sol de la una de la tarde, cuando la ciudad era tranquila y reposada, pareció como si una connotación terráquea o algún suceso extraordinario turbara de súbito a los moradores”. Y agrega: “Fue colosal, estupendo y extraordinario cuando se lanzó al aire el primer trueno de cañón y los arpegios de los himnos americano y dominicano, anunciaron por todos los ámbitos que la bandera de la barra y de las estrellas estaba cediendo su empinada cumbre al lienzo tricolor, insignia nacional”.

A las 4:00 p.m., el Cuerpo de Bomberos y la Policía Municipal rindieron honores de estilo a las efigies de los Padres de la Patria, obras de Abelardo Rodríguez Urdaneta, mostradas desde la segunda planta del Palacio Consistorial, desde pronunció un emotivo discurso el comisionado del ayuntamiento, Pedro R. Batista.

Una hora después, Baduí M. Dumit, hizo entrega al ayuntamiento de una riquísima bandera de seda confeccionada por las jóvenes de la Unión Libanesa. El señor Nicolás Helú, en nombre de la colonia libanesa, pronunció un discurso en el que significó “la alegría de ver flotar gloriosa, como era antes en el asta, la divina insignia nacional”.

Los actos cerraron con un gran baile en los salones del Centro de Recreo a las diez de la noche.

La bandera nacional izada en la fortaleza San Luis fue entregada al ayuntamiento en manos de su presidente, Virgilio Martínez Reyna, el 16 de agosto de 1924 por la señorita Ercilia Pepín, acto celebrado en aquel recinto. Fue bendecida por el canónigo González, asistido del Pbro. Eliseo Bornia Ariza y sostenida por el cuerpo de profesores de la Escuela Superior de Señoritas. El notario Ismael de Peña Rincón levantó un acto de auténtico de comprobación en la ocasión.

La que se denominó Bandera de la Desocupación fue conservada en la Escuela México y de ella solo sobrevivió, por el paso del tiempo, el escudo nacional que llevó en su centro.

Por Edwin Espinal Hernández

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