Belleza

Hay suspiros que encierran más amor que cualquier beso

Dicen que los suspiros son las respuestas que un día quedaron en el aire. E incluso que muchos de ellos encierran más amor que cualquier beso.

Porque si las personas suspiramos se debe a una razón muy concreta: para no morir.
Hoy en nuestro espacio queremos explicarte qué función tienen los distintos suspiros que forman parte de nuestra vida cotidiana.

Los suspiros forman parte del ciclo de la vida
Los botones de suspiros de nuestro cerebro

Este nombre tan evocador responde en realidad a un mecanismo perfecto. Lo podemos describir de la siguiente manera:

Hay momentos en que nuestros alveolos se colapsan.
Cuando esto ocurre, la capacidad de nuestros pulmones para intercambiar oxígeno por dióxido de carbono no puede llevarse a cabo de forma tan eficaz.
Estos dos grupos de células nerviosas, los llamados “botones de suspiros”, perciben de inmediato este pequeño desajuste y “acuden en su ayuda”. Son dos pequeñas estructuras alojadas en nuestro tallo cerebral.
Seguidamente, nos dan la orden de suspirar para poder abrir los alveolos y permitir así que entre doble del volumen convencional de oxígeno que en una respiración normal.
Este mecanismo es algo que realizamos de forma inconsciente, no nos damos cuenta de ello. Sin embargo, y tal y como hemos señalado antes, lo hacemos unas 12 veces cada hora, reiniciando así el ciclo de la vida.

Los suspiros emocionales

Ahora ya sabemos que, efectivamente, suspiramos para no morir. Este acto biológico y esencial para nuestra supervivencia define y explica los suspiros involuntarios.

Un suspiro es una catarsis emocional ante una situación de estrés o de frustración.
Muchas personas dejamos escapar largos suspiros cuando algo no nos sale bien. Cuando intentamos hacer, por ejemplo, algún esfuerzo manual o mental y el resultado no es el esperado.
Asimismo, los suspiros son “esas chimeneas” por donde dejar ir la pena, el desconsuelo. Ese aire que nos sobra por la persona que nos falta.
Este dato es tan curioso como interesante: Karl Teigen es un célebre científico de la Universidad de Psicología de Oslo (Noruega), experto precisamente en los “suspiros emocionales”.
Según sus trabajos, un suspiro nos ayuda también a empatizar con alguien. Cuando escuchamos suspirar a algún amigo o familiar, interpretamos este gesto como una emoción negativa.

Enfoques como el mindfulness o el yoga nos enseñan también diversos tipos de respiraciones voluntarias y controladas con fines muy concretos:

Toma nota de lo que deberíamos hacer una vez al día durante 20 minutos:

Buscar un lugar tranquilo donde descansar mentalmente.
Sentarnos con la espalda erguida.
Llevar el pecho hacia delante y descansar nuestras manos sobre el regazo.
Tomar aire profundamente por la nariz, hasta contar 4 segundos. Retenerlo cuatros segundos más y, seguidamente, lanzar un largo y sonoro suspiro que dure 7 segundos.

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