Editorial

Que haya algún aprendizaje

“Del trabajo desarrollado por el equipo técnico que realizó la auditoría se concluye que lo sucedido con la implementación del sistema de votación automatizado fue producto de la mala gestión del área informática de la Junta Central Electoral (JCE). El mal diseño del software, sumado a no haber contado con herramientas para detectar o prevenir la falla y no haber podido mitigarla a tiempo, reflejan también la ausencia de protocolos y la falta de aplicación de buenas prácticas. El equipo auditor no encontró evidencia de ataques externos, sabotaje o intento de fraude. Dadas las circunstancias la mañana de la elección, era imposible continuar con la jornada por lo que la suspensión decidida por parte del pleno de la JCE fue correcta…”.

Lo anterior es una de las consideraciones contenidas en el resumen ejecutivo del informe de la Secretaría para el Fortalecimiento de la Democracia (SFD) y el Departamento para la Cooperación y Observación Electoral (DECO) de la Organización de Estados Americanos (OEA) de la auditoría para identificar la o las causas por las cuales no fue posible la correcta implementación del voto automatizado en las elecciones municipales del 16 de febrero de 2020.

El informe de la OEA deja clarísimo que el fracaso de la implantación y pretendida operación del famoso sistema de votación automatizado aprobado y promovido por la JCE como la más avanzada tecnología en el ejercicio del sufragio fue un verdadero desastre, que puso a riesgo la paz social.

No vamos ahora a condenar ni a censurar. Quizás se puedan recordar las dudas vertidas por este diario y los fundados cuestionamientos de mucha gente, técnicos e incluso líderes políticos, sobre los cuales en el momento llovieron muchísimas descalificaciones por hacer afirmaciones o conclusiones mayores que tampoco viene al caso enumerar.

Lo que sí debemos decir es que un altísimo porcentaje de los hechos ocurridos en tiempos recientes en materia de organización de los procesos electorales pudieron evitarse si las autoridades de la JCE hubiesen prestado oído, si hubiesen sido receptivas a las observaciones hechas de la mejor buena fe y quizás basadas en visiones y percepciones del ejercicio político democrático de los últimos 54 años.

Y esperar que haya algún aprendizaje.

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