Editorial

Heredando los cargos

El triste fallecimiento de la diputada reformista Inés Bryant ha dado paso a otro caso de sucesión familiar en el Congreso. La política dominicana no logra deshacerse de unos procedimientos que, aunque sean legales, dejan mucho que desear sobre temas como institucionalidad. Los cargos políticos no se heredan.

Se critican los favoritismos en los clanes o “familias” del partido en el poder cuando se descubre que familiares tienen un sueldo o cuando engrosan la nómina del ministerio de Exteriores para estudiar o simplemente airearse. Pero también el Congreso guarda un historial de sucesiones al más puro estilo de las monarquías o las dictaduras hereditarias.

Los legisladores tienen una especial habilidad para incumplir las leyes que ellos mismos crean. Hay una ley de cuota femenina que no se cumple en procesos electorales, pero que tampoco se respeta cuando queda una vacante en una curul ocupada anteriormente por una mujer.

El lenguaje políticamente correcto es fácil de dominar. Lo difícil, al parecer, es ser consecuente.

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