Editorial

Hora de refirmar la democracia

Las medidas trazadas por la Junta Central Electoral con la buena pro de los partidos para allanar el camino hacia unas próximas elecciones, libres de problemas, son auspiciosas en esta inminencia de llegada a las urnas. Aun los más escépticos -esos que duermen con un ojo abierto y otro cerrado- se colocan del lado de quienes entienden que la cita del quince de marzo es ineludible y crucial. Sus demandas de más garantías para evitar una repetición del desastre de febrero que provocó un despertar de la ciudadanía con jóvenes en acciones de protesta, lleva a sentir como ambiguos a los inconformes, pero es razonable aspirar a que el proceso rectificador selle cada resquicio por el que puedan colarse atentados o incompetencias técnicas.

Colocar el mecanismo de consulta más abierto a la observación partidaria y con permanencia del acompañamiento independiente de asesoría y vigilancia alejadas de las pasiones e intereses locales, hace ver luz al final del túnel. En los umbrales del sufragio predomina una flexibilidad institucional favorable en demostración de que es posible superar debilidades. El golpe fue duro y todavía no está claro de dónde vino, intencional o no, ni con cuáles propósitos, pero se hace fuerte la convicción de que es ahora, no después, que vale arreglar la carga. Un nuevo fracaso traería demasiado incertidumbre a la senda democratica y disminuiría las posibilidades de recuperar la confianza en elecciones.

Pobreza visual de autoridades

La mirada de agencias de inteligencia -que debería llegar siempre más allá de las superficies que ocultan reales peligros y daños al Estado y a la sociedad- abruma con demostraciones de funcionar con resultados cuando se trata de espionajes de mala intención política sobre gente intachable. Esto, mientras otras dependencias van tardías en descubrir acciones maliciosas e ilegales incluyendo depredadores que se llevan de encuentro bosques y ríos y contra los que la autoridad solo actúa si los ciudadanos y la prensa los denuncian.

Las “bombas de patio” que almacenan sustancias altamente inflamables en perjuicio del fisco y poniendo en peligro cuadras enteras, solo han sido visibles hasta ahora para el sector perjudicado comercialmente por la grave irregularidad: los gasolineros que se acogen a la ley y exigen respetarla.

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