Editorial

Iglesia de Santa Bárbara

La reapertura ayer de la remozada iglesia Santa Bárbara de los Hombres del Mar representa un gran motivo de júbilo para la feligresía católica, la Ciudad Colonial, la historia y la cultura nacional, porque en ese monumento eclesiástico fue bautizado Juan Pablo Duarte, fundador de la República.

Ese templo, que comenzó a construirse en 1540 bajo el patrocinio de la Orden de los Franciscanos, y concluido en 1562, fue asolado por dos terremotos, saqueado por el corsario Francis Drake y destruido su campanario por el ciclón San Zenón.
Cuentan que la iglesia Santa Bárbara fue un lugar de acogida de las familias más humildes del Santo Domingo colonial, cuyos miembros al fallecer eran sepultados en el patio del templo donde operó un cementerio, donde permanecen los restos de Juan José Duarte, padre de Duarte.

Además de su riqueza arquitectónica, ese templo posee un gran valor histórico porque acogió el bautismo de Juan Pablo Duarte, el 8 de febrero de 1813, en cuyo seno se conserva aún la pila bautismal del patricio.

En el entorno de esa iglesia colonial, declarada en 1990 por la Organización de Naciones Unidas para la Ciencia y la Cultura (Unesco) como patrimonio de la humanidad, se improvisó por años un enorme vertedero que fue motivo de vergüenza para el gentilicio nacional.

El presidente Danilo Medina y el arzobispo de Santo Domingo, Francisco Ozoria, encabezaron la apertura de uno de los templos más emblemáticos de la Ciudad Primada, por su belleza arquitectónica y su riqueza histórica, en cuyos trabajos de rescate y restauración se invirtieron 160 millones de pesos.

La inversión publica en la promoción de la cultura o el rescate del legado histórico será siempre redituable porque ayuda a promover valores y a rehabilitar la memoria histórica, lo que promueve también consolidación al gentilicio dominicano.

La zona colonial de Santo Domingo, cuna de las primacías de América, constituye un invaluable tesoro que dominicanos y extranjeros merecen disfrutar, pero también conservar y proteger para futuras generaciones, incluido la iglesia Santa Bárbara de los Hombres de la Mar, un extraordinario templo histórico, motivo de gran orgullo nacional.

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