Editoriales

Iglesia y justicia social

 

Durante la celebración del Corpus Christi, una fiesta católica sustentada en una eucaristía para adorar a Jesucristo, el hijo de Dios que sacrificó su vida por la redención de la humanidad,  portavoces de la Iglesia Católica clamaron por una justa y equilibrada distribución de los bienes y riquezas que se producen en República Dominicana, con el propósito de combatir el hambre y la pobreza, para dignificar la vida de la población.

Se trata de una plegaria por la construcción de una sociedad basada en equidad, humanismo e igualdad, en virtud de ello, es oportuno que quienes controlan los poderes social, económico y político, res­pectivamente,  mediten en torno al planteamiento de  líderes católicos y asi­milen e interpreten el mensaje cristiano y determinen unir fuerzas y voluntades en procura de instaurar un sistema socioeconómico que propicie  la justicia social.

 

Corpus  Chisti es una ceremonia solemne sobre el  Cuerpo y la Sangre de Cristo, en la cual se resalta su presencia y se pondera su crucifixión por la liberación del ser humano, por consiguiente, es una convocatoria para que los poderosos asuman con responsabilidad compromisos sociales y económicos a favor de los más necesitados.

En la homilía efectuada de manera simultánea en las catedrales y principales parroquias del país, las voces de arzobispos, obispos y sacerdotes se elevaron al unísono por la justicia social y el bien común.

 

Ante la súplica de los voceros de la Iglesia Católica, procede descentralizar y democratizar el Producto Interno Bruto (PIB) y el Presupuesto General de la Nación, porque solo de ese modo será posible un reparto equitativo de las riquezas y así favorecer a todos los dominicanos.

Para atacar con eficacia problemas como marginación, exclusión social, insalubridad, desempleo, violencia, descomposición social, desintegración de núcleos familiares y delincuencial, es conveniente construir un régimen político fundamentado en la justicia  e igualdad social.

 

Conjugar el pensamiento y la acción es vital, en busca de dar respuestas a las necesidades básicas de la gente, es decir, pasar de las palabras a los hechos y de esa manera estructurar un régimen cimentado en la justicia social, en el cual se respete y se garanticen los derechos humanos fundamentales.

 

Que se escuche, entonces, a los emisa­rios cristianos que se amparan en la doc­trina social de la Iglesia Católica, quienes imploran por una sociedad justa y humana por la dignidad y la felicidad de las personas.

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