Imágenes falsas, consecuencias reales: cómo se juzga en España el porno sintético sin consentimiento

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RESUMEN
Imágenes falsas, consecuencias reales. Un grupo de menores han sido esta semana identificados e interrogados por la difusión de imágenes creadas con inteligencia artificial (IA) para simular el desnudo de otras jóvenes, también menores de edad, en Almendralejo, Badajoz. Será por el número de víctimas o porque este año ha marcado un antes y un después en la toma de conciencia sobre el potencial de la IA generativa, pero el caso ha destapado las dudas. ¿Nuestra legislación lo contempla como delito?, ¿y si las víctimas fueran mayores de edad? Y sobre todo, ¿no se podría haber evitado?
«Lleva pasando desde, por lo menos, 2017, cuando a alguien se le ocurrió coger la cara de [la actriz] Gal Gadot en Wonder Woman y plantarla encima de un vídeo de pornografía californiana. Ya han pasado varios años y estamos viendo que la victimización de niñas es una realidad», denunció este martes la experta en tecnología Marta Peirano, en Las Mañanas de RNE, sobre los llamados deepfakes.
La periodista y escritora incidió en que el problema tiene un claro sesgo de género. Según el informe de 2019 de una empresa de monitorización de deepfakes, el 96% de las imágenes de creadas por la IA son pornografía no consentida y prácticamente en su totalidad afecta a mujeres.
Expertos en ética y juristas recuerdan que no podemos juzgar la tecnología en sí —por ejemplo, un cuchillo—, sino su uso —¿cortar jamón o matar a una persona?—, y remiten a la legislación vigente para condenar hechos delictivos contra la intimidad, la propia imagen, la integridad moral o el honor.
«Ni hay un vacío legal como dicen algunos, ni está todo hecho. Para eso se van actualizando las leyes y mejorando el marco regulatorio», señala Borja Adsuara Varela, doctor en Filosofía del Derecho y consultor experto en derecho digital, privacidad y protección de datos, que ejemplifica: «si yo cometo una estafa, da lo mismo si es por métodos electrónicos o con el timo de la estampita, sigue siendo una estafa».





