Imploremos a la Virgen en estas elecciones

Analizando noticia con IA…espere un momento
RESUMEN
Por: Rafael A. Escotto
El 21 de enero el país entró en un estado espiritual de invocación por la celebración de la fiesta de la Virgen de la Altagracia, Protectora del pueblo dominicano.
Es una fecha de enorme religiosidad católica en la cual los dominicanos recurren a su patrona en solemnidad y esperanzados que su guía místico o divino le preserve de todas clases de adversidades y, sobre todo, que le conceda visión y sabiduría para poder escoger al mejor candidato, al más apto para dirigir el gobierno municipal de Santiago, así como al senador y al diputado mejor intencionado.
Solo la fuerza espiritual de la Virgen de la Altagracia sería capaz de darle a este pueblo la clase de político que merece en medio de un mundo de tribulaciones, de conflictos armados y de desconfianza. El pueblo dominicano es indócil, unas veces irascible y otras tantas, soberbio, como si no quisiera dejarse gobernar. No suele acatar las normas de convivencia social.
Hay en el seno de la sociedad dominicana un aire con una fuerza rara que pretende contagiarlo todo para dificultar las buenas acciones sociales, económicas y políticas que suceden a su alrededor y libran una batalla que se vuelve inagotable enfrentando los espíritus perversos que se ocultan detrás de algunos partidos políticos y detrás de caretas que deforman sus rostros para hacer que nos equivoquemos al votar.
El inmenso poder de la Virgen le concede la facultad divina de penetrar al fondo donde se ocultan la malicia y la perversidad de algunos hombres, quienes usan antifaz de colores y salen de sus oscuras madrigueras en tiempo de elecciones, que serían los de la pesca para los pescadores.
El manto sagrado que cubre la vestimenta de la Virgen de la Altagracia sería, en este caso, el que le sirva al pueblo dominicano para resguardarse de los malos políticos que representan al pájaro de mal agüero, que suele tener más hambre que el perro del ciego, una expresión muy interesante usada en España.
El corazón dulce de la Virgen de la Altagracia no puede ser refugio para irreverentes ni para aquellos políticos que toman el nombre de la patria para tratar de seducir el voto de los electores sin presentarle un programa, aunque sea mínimo de compromiso y de conquistas sociales y políticas.
En esta fecha memorable elegida por el pueblo dominicano para glorificar el nombre de la Virgen de la Altagracia debemos utilizar buena parte del tiempo para una meditación que trascienda y que le haga razonar sobre la calidad y el valor que tiene su voto.
Si el pueblo dominicano no recapacita, si no oye ni ve lo que pasa a su alrededor, podría volver otra vez a caer más hondo en el foso de los leones donde fue arrojado el profeta Daniel, uno de los personajes bíblicos más conocidos del Antiguo Testamento.
No se puede volver a más de lo mismo en política. Creo que si todavía no han aprendido a votar y si el pueblo se equivocara estas elecciones municipales y de senadores y diputados podrían ser como aquel adiós o como el atardecer de un día que nunca fue. Será como un suspiro y morirá como un suspiro que jamás nunca alcanzó.
Recuerden que reverenciar a la Virgen de la Altagracia no solo es festividad, es, además, recapacitar y saber que si te equivocas al votar te pasará como dice un verso de Alfonsino Storni: «Las cosas que mueren jamás resucitan, las cosas que mueren no tornan jamás… Cuando los capullos caen de la rama dos veces seguidas no florecerán».
Por ahí entonces podría andar tú si no sabes votar, como pueblo que no ha aprendido la lección, arrastrando la cola, como la iguana. Piensa en esto, todavía estás a tiempo. «¡Los días que fueron, los días perdidos, los días inertes ya no volverán!»





