Editorial

Inequidad global

Países emergentes confrontan problemas para adquirir mascarillas y materiales de pruebas para contener el coronavirus porque Estados Unidos y Europa acaparan casi toda la producción, por lo que empresas fabricantes advierten que tardarían meses para suplir pedidos a naciones de África y América Latina.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha expresado preocupación por la guerra que se libra a nivel mundial para adquirir a tiempo pruebas médicas y equipos de protección, cuyos precios son objetos de burda especulación.

Para que se tenga una idea de la gravedad de la situación, Brasil, que registra más de 40 mil contagiados, y Sudáfrica, que cuenta con más de 200 laboratorios públicos, carecen de suficientes reactivos químicos para procesar pruebas del COVID-19.

En ese contexto de injusticia e iniquidad a nivel global se inscribe el drama de Haití, donde se teme que la pandemia podría causar más de 20 mil decesos, porque la gente no sigue la regla de aislamiento social y porque carecen de recursos e insumos para contenerla.

El Gobierno haitiano prevé que si se logran efectuar las previsiones sanitarias, los fallecimientos serían dos mil, pero teme que esa cifra se multiplique hasta por diez, presagio que debería sumarse al lote de preocupaciones y retos que confronta República Dominicana.

Las grandes metrópolis parecen no entender que la COVID-19 debe ser erradicada también de los territorios correspondientes a naciones pobres o de renta media, porque el virus es altamente transportable lo que pone en riesgo a los países ricos, que deberían garantizar flujo de insumos y equipos a esas naciones vulnerables.

Cierre de fronteras o restricciones migratorias no impedirían que se produzcan rebrotes de la pandemia en Estados Unidos o la Unión Europea, ni aun con la invocación del presidente Donald Trump a la Ley de Producción de Defensa para prohibir la exportación de mascarillas.

Queda claro que ante el cuadro de escasez y manipulación comercial a nivel global de insumos y equipos, naciones como República Dominicana, afectada por esa práctica desleal e inhumana, deben hacer énfasis en promover confinamiento y aislamiento como herramientas esenciales en la lucha por contener a la pandemia del coronavirus, algo así como intentar rascarse con propias uñas.

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