Editorial

Inevitable

Si la Constitución de la República hubiera tenido una previsión para el caso de que llegue un 16 de agosto sin que hayan sido elegidos presidente, vicepresidente, diputados y senadores, los líderes sociales, económicos y políticos del pueblo dominicano hubieran contado con una puerta para salirse de la encerrona en la que se encuentran hoy día. Pero esa previsión no existe.

Lo más cercano a una salida, como la que se echa de menos en esta nota, está contenido en el Título XIII, de los estados de excepción, de nuestra Carta Sustantiva.
“Se consideran estados de excepción aquellas situaciones extraordinarias que afecten gravemente la seguridad de la Nación, de las instituciones y de las personas frente a las cuales resultan insuficientes las facultades ordinarias. (…)”, dice en su artículo 262.

Pero no es fácil llegar allí cuando lo que está de por medio es el poder político en su más alta expresión: la administración del Estado.

Para escoger una vía como esta hay que contar con líderes, en todos los niveles, capaces de hacerse oír y de hacerse entender de una sociedad estratificada casi hasta lo minucioso y dejar claro en la cabeza de todos, de todos, que no siempre es posible aplicar los planos del Estado según la letra; que en situaciones excepcionales, como la que vive hoy el pueblo dominicano, hubiera valido la pena, o la espera, y haberle dado una salida extraordinaria.

No ha sido así y en menos de una semana hemos visto concentrado el encono, las malas artes y cuanto pueda haber de negativo en la tradición electoral dominicana, para sacarlo a flote y lanzarlo en el camino del contrario.

En condiciones normales para esta fecha hubieran sido contados hasta los votos de la segunda vuelta, de haberla habido.

Estamos, sin embargo, a las puertas de unas elecciones reprogramadas llamadas a poner a prueba la madurez del relevo económico, social y político que en los últimos 20 años ha tenido la oportunidad de ejercitarse en unas áreas antaño servidas con destreza por líderes retados de manera periódica que siempre encontraban una puerta, así fuera la del sacrificio.

El momento se ha hecho inevitable. Nos resta, pues, esperar tomados de la mano de la providencia.

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