Editorial

Ingobernabilidad civil

Una de las peores secuelas que nos puede dejar la pandemia del COVID-19 es la desobediencia civil en varias de sus manifestaciones.

Solo hay que observar las gráficas del irrespeto en los barrios a los intentos de la Policía de aplicar las normas del toque de queda, irrespeto que llega a la agresión de hombres, mujeres y jóvenes que no quieren someterse a la autoridad porque “entienden” que no están haciendo nada malo.

Así vemos también cómo los “deliveris” en motocicleta no respetan semáforos ni la orientación de las vías para sus actividades. A todas horas el conductor tiene que ceder el paso a motociclistas que viajan en vía contraria, casi todos empleados de empresas de distribución de comida rápida y de colmados sin que aparezca autoridad alguna que los frene.

La actitud pasiva de las fuerzas del orden parece ordenada para no crear un mal ambiente a las autoridades salientes y, por supuesto, no afectar a las entrantes, pero no se puede seguir aceptando esta conducta que puede conducirnos a un peligroso estado de ingobernabilidad civil.

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