Opinión

¿Inició la III Guerra Mundial?


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Aquiles Olivo Morel

Ha pasado mucho tiempo, desde aquel 1 de septiembre de 1939, día en que las tensiones acumuladas llegaron a su fin y Adolf Hitler invadió Polonia, utilizando un pretexto falso, sobre un supuesto ataque a una estación de radio alemana. Fue entonces cuando Francia y el Reino Unido, cumplie­ron sus promesas, 3 días ­después declararon la guerra a Alemania. Formalmente, esos episodios marca­ron el inicio de una paz que se había prolongado por unos 20 años, 9 meses y 21 días, tiempo transcurrido de la Primera Guerra Mundial. Igual que ahora se acumularon muchas tensiones: históricas, por las desavenencias entre países; crisis económica por los acuerdos de la II Guerra Mundial y la expansión ideológica del comunismo, con las intensiones de la Unión de Repúblicas Socialistas (URSS) y su Manifiesto ­Comunista.

El tiempo parece borrar todos aquellos recuerdos, donde atrocidades come­tidas por el “Tercer Reich”, una de las ideologías más destructivas del siglo XX, se abrió paso y que finalmente dio al traste que esa capacidad global, dispu­tada por otros países, a los EE. UU. una Bomba Nuclear.

Una experiencia parecida jamás ha vuelto a repetirse. Millones de vidas se perdieron a lo largo de ese prolongado conflicto. Nuevas alianzas fueron necesarias articular para poder afrontar los retos bélicos planteados en el campo de batalla.

En fin, surgieron acuerdos e instituciones que le permitieron al mundo moderno alcanzar el desarrollo de los países nunca ante visto. Fue una época difícil para la especie humana: Obligó a gran parte de los países a recurrir a nuevas inventivas para definir los equilibrios entre las naciones.

La época actual no parece asimilar aquella funesta experiencia. Sigue repitiendo los mismos errores, como si se tratara de algo intrínseco del ser huma­no. Los últimos ataques llevado a cabo por Estados Unidos, contra el régimen de los Ayatolas, en Irán, la antigua ­Persia, alegando oportunidad para resol­ver viejas rencillas, a la que no escapa aquella relacionada con su embajada, secuestrada en 1979, con todo su perso­nal y que sepultó para siempre la imagen del presidente de aquel entonces Jimmy Carter.

No fue parte del plan de los Ayatolas, sino el fruto de los enardecidos estu­diantes que vieron en la Revolución ­Islámica el futuro para aquel inmenso territorio de credo Chiita. Hoy -según lo expuesto por Donald Trump- resulta propicia la ocasión para ir a cambiar un régimen con grandes raíces, en una ­sociedad lejana y apartada de la civili­zación occidental.

El Medio Oriente, tal como lo conocemos ha entrado en otra era de inestabilidad, donde los expertos consideran que va más allá de lo coyuntural. Un terri­torio con el dominio del estrecho de Ormuz, por donde circula parte del crudo y el gas con destino a las industrias occidentales, repentinamente ha tomado por sorpresa a las guardias revo­lucionarias.

Pocos ignoran las dificultades históricas de EE. UU. para entenderse diplomáticamente con los diplomáticos islámicos. Desde la caída de Moha­mmad­ Reza Pahlavi, último monarca, el tortuoso camino ha sido marcado por el recelo y la odiosa visión de los iraníes por aquel intento de occidentalizar un país con fuertes creencias religiosas. Ahora, al parecer, cuando se habla de una gran oportunidad se refieren al debi­litamiento de apenas tres meses de un país con una generación un poco alejada de aquellas motivaciones de triunfo de la Revolución en 1979.

El significado para la humanidad va más allá del éxito que pueda tener esa operación o desafío: El nuevo “Orden Global” trata de definir hasta que mundo el multilateralismo pudiera ­alcanzar un respeto mutuo, entre nacio­nes altamente celosas y fuerte apego a desempeñar roles de potencia hege­mónica. ¿Pudiera este acontecimiento obligar a Rusia a redimensionar su estra­tegia respecto a la guerra con Ucrania? Acaso China, ¿Dejaría también dejar pasar la oportunidad de marcharle a Taiwán y confirmar la tesis de una sola China? Las interrogantes serían múltiples, sin embargo, posiblemente esté en la antesala de un “Nuevo Orden”, de lo que si estamos seguro que no provendrá de los acuerdos diplomáticos, sino de la fuerza de fuego desarrollada por cada país.

Así ha sido a través de la historia y ésta no será la excepción.

Otros países como Francia y el Reino Unido pronto serán parte de este escenario global procurando formar parte y reposicionarse, quien sabe si ahora identifican mejor, también su propia oportunidad. El 1 de septiembre de 1939, la promesa de Francia y el Reino Unido, cuando aconteció la invasión a Polonia se hizo valer e inició así la II Guerra Mundial con todas las consecuencias que se conocen hoy.

 

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